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29/05/2024 by Instituto Superior de Navegación

Las distintas proyecciones cartográficas II

Viene de: Las distintas proyecciones cartográficas I.

Proyecciones estereográficas y gnomónicas

De las proyecciones perspectivas las únicas utilizadas en navegación son las estereográficas y las gnomónicas, especialmente esta última ya que el uso de la estereográfica se limita solamente a regiones polares. Una consideración a tener en cuenta es que, dependiendo de la posición del plano de proyección, estas representaciones pueden ser de cuatro tipos:

  • Meridiana: Cuando el plano de proyección es tangente a la esfera en el Ecuador.
  • Ecuatorial: Cuando el plano de proyección coincide con el del Ecuador.
  • Polar: Cuando el plano de proyección es tangente a alguno de los polos.
  • Horizontal: Cuando el plano de proyección es tangente a un punto cualquiera de la esfera terrestre.

De lo anterior se desprende que, dependiendo de las necesidades particulares de cada navegación, las cartas a utilizar puedan ser: gnomónica meridiana, gnomónica polar, gnomónica horizontal, estereográfica meridiana, estereográfica ecuatorial, estereográfica polar y estereográfica horizontal. Para zonas polares, si bien pueden utilizarse cartas con proyección gnomónica horizontal, es más frecuente el uso de gnomónicas polares. Las medidas de rumbos y distancias en este tipo de cartas suelen verse facilitadas por la inclusión de diagramas.

En la carta gnomónica meridiana, también conocida como carta “Hilleret”, tanto el Ecuador como el meridiano de tangencia son líneas rectas perpendiculares entre sí. El resto de los meridianos serán rectas paralelas al meridiano central, mientras que los paralelos resultarán hipérbolas con su concavidad hacia los polos.

En la proyección gnomónica polar, llamada también “carta alemana”, los meridianos serán radios del círculo que limita la proyección, mientras que los paralelos se verán representados como círculos concéntricos. La razón de esto es que el plano de tangencia se encuentra en alguno de los polos. La gnomónica horizontal, menos utilizada que las anteriores, sirve para representar a la zona que rodea al punto que se precisa proyectar, y sobre este punto se aplica el plano de tangencia. En ésta, los meridianos aparecerán como líneas inclinadas que convergen en alguno de los polos, pudiendo quedar el punto de convergencia (polo) por fuera de la carta. Aquí los paralelos se verán como trozos de parábola. En la siguiente figura pueden apreciarse con claridad las diferencias entre las tres variantes de proyecciones gnomónicas.

Clasificación de proyecciones gnomónicas

Las cartas estereográficas de uso más frecuente son las polares. Su característica principal es que todos los paralelos son círculos que se van separando cada vez más hacia el Ecuador, siendo este último el círculo exterior de la carta. Ésta es en realidad la característica principal que distingue a la estereográfica polar de la gnomónica polar, ya que en esta última el ecuador no se encuentra representado. Esto se debe a que, como vimos, el punto de vista de las gnomónicas se encuentra en el centro del globo terráqueo, razón por la cual el Ecuador se proyecta en el infinito.

Proyección estereográfica polar

Proyecciones por desarrollo

Las proyecciones por desarrollo surgen de utilizar un cono, o bien un cilindro como planos de proyección, los que luego deberán desarrollarse para obtener un plano. De ahí su denominación. Según sea la figura geométrica utilizada, las proyecciones por desarrollo se dividen en tres grandes grupos:

  • Proyecciones cónicas: Este tipo de proyección surge a partir de hacer coincidir al eje de un cono con algún diámetro de la esfera terrestre. Sobre la superficie de dicho cono se proyectan todos los puntos del globo y posteriormente se desarrolla el mismo. En caso de que el eje del cono coincida con el eje de los polos, la proyección cónica resultante llevará el nombre de “directa”. Aquí, los meridianos se verán como líneas rectas que convergen en el polo, mientras que los paralelos serán círculos menores paralelos entre sí. Si el eje del cono no coincide con el de los polos, la proyección resultante se llamará “transversa”.
    Las proyecciones cónicas son muy útiles ya que dan lugar a numerosas variantes de proyecciones modificadas. Entre ellas, la más importante es la “proyección conforme de Lambert”. Esta última es muy usada tanto en aviación como en el ejército, aunque casi no se utilizan para navegación. La conforme de Lambert surge de proyectar los distintos puntos del globo hacia un cono, que es “secante” a la esfera en lugar de ser tangente a la misma. La ventaja de este tipo de proyección radica en que al penetrar algo el cono en la esfera se obtienen dos paralelos de contacto, lo que redunda en una menor distorsión de la zona proyectada. La ventaja más importante de este tipo de proyecciones radica en que la ortodrómica podría considerarse casi una recta con un error despreciable. La desventaja fundamental es que los rumbos loxodrómicos quedan representados por líneas curvas, razón por la cual no se utilizan en navegación.

proyección Cónica

  • Proyecciones policónicas: Las cartas policónicas se construyen a partir de superponer varias proyecciones cónicas puras, aunque difícilmente sean utilizadas con fines náuticos.
  • Proyecciones cilíndricas: Dentro del grupo de las proyecciones por desarrollo podemos encontrar a las cilíndricas puras. Esta forma de representación, si bien en sí misma no sirve para la construcción de cartas náuticas, es la base fundamental de la proyección mercatoriana, la más utilizada en navegación. Y este será el tema de la próxima entrega.

Darío G. Fernández
Director del ISNDF

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29/05/2024 by Instituto Superior de Navegación

Las distintas proyecciones cartográficas I

Tal como contábamos en artículos anteriores, la creciente navegación comercial trajo acarreada la necesidad de una representación fidedigna de la superficie terrestre, tanto más importante cuanto mayores eran las relaciones y el comercio entre países distantes. Los mapas terrestres y las cartas náuticas se obtienen en su gran mayoría de “proyectar” alguna porción de la superficie terrestre sobre un plano de papel, o bien sobre alguna otra forma geométrica, seguido de algún desarrollo posterior. Se define como proyección a la figura que resulta de proyectar, en una superficie determinada, todos y cada uno de los puntos de una figura cualquiera.

Muchas de las cartas marinas que se utilizan en la actualidad se construyen proyectando la esfera terrestre sobre un plano. Si para ello se toman en cuenta superficies pequeñas (100 a 200 km2), la representación obtenida puede considerarse perfecta, ya que prácticamente no existen deformaciones propias de la curvatura terrestre. En el caso de representaciones de grandes territorios, las deformaciones son de consideración ya que el intentar desarrollar una esfera sobre un plano, de forma tal que ambos coincidan exactamente, se torna absolutamente imposible. Veamos algunas formas de resolverlo.

Las distintas proyecciones cartográficas

Si bien las cartas náuticas o los mapas terrestres se pueden clasificar de miles de maneras diferentes, la única clasificación que interesa a nuestros fines es aquella que se basa en la “forma” en que se obtiene la proyección, y dentro de esta categoría podemos diferenciar a tres grandes grupos:

  • Proyecciones puras: son aquellas que surgen directamente de proyectar la superficie terrestre sobre un plano o sobre una forma geométrica que más tarde se desarrolla a fin de convertirla en un plano. Las proyecciones puras se subdividen a su vez en tres grupos: Naturales o poliédricas, Perspectivas, o Por desarrollo.
  • Proyecciones modificadas: son proyecciones que se obtienen a partir de modificar a alguna de las proyecciones puras con el objeto de mejorar ciertas particularidades que se precise utilizar. En realidad son proyecciones puras ligeramente modificadas.
  • Proyecciones calculadas: las proyecciones calculadas están basadas en formulaciones matemáticas precisas que relacionan los puntos de la carta con los de la superficie terrestre a proyectar.

En la siguiente figura podemos apreciar un resumen de las proyecciones más utilizadas:

Proyecciones puras, modificadas y calculadas

Proyecciones naturales o poliédricas

Las proyecciones naturales o poliédricas se utilizan mayormente para representar una pequeña superficie de la esfera terrestre y se caracterizan por reproducir muy bien el terreno comprendido dentro de la misma. Se utilizan en realidad para efectuar levantamientos topográficos más que para cartas náuticas, y surgen de superponer la porción de la esfera terrestre a representar a un plano tangente a su centro.

Proyecciones perspectivas

Este tipo de representaciones surgen de proyectar a la esfera terrestre directamente sobre un plano, sin necesidad de posterior desarrollo. Dentro de las proyecciones perspectivas podemos encontrar cuatro variantes, que dependen exclusivamente del punto de vista del observador:

  • Proyecciones ortográficas: En las proyecciones ortográficas el punto de vista del observador se encuentra por fuera de la esfera terrestre y a una distancia infinita de la misma. Sirve básicamente para mostrar la apariencia que tiene la tierra vista desde el espacio y no se utiliza en navegación ya que no muestra áreas reales por sufrir enormes distorsiones.

Proyecciones Ortográficas

  • Proyecciones escenográficas: Similares a la anterior, en este tipo de representación el punto de vista se ubica por fuera de la esfera terrestre pero a una distancia determinada.

Proyecciones Escenográficas

  • Proyecciones estereográficas: En la proyección estereográfica, el punto de vista se encuentra sobre la esfera terrestre y en las antípodas del plano de proyección. Según se sabe, las primeras proyecciones estereográficas que se conocen pertenecen a Ptolomeo y se encuentran publicadas en su célebre planisferio, aunque se supone que la idea original se atribuye a Hiparco (200 a.C.). En realidad, el primer mapa conocido que utiliza este tipo de proyección pertenece a Johann Werner y representa a la ciudad de Nuremberg. Dicho mapa data de 1514.

Proyecciones Estereográficas

  • Proyecciones gnomónicas: Surgen de ubicar al observador en el centro mismo de la esfera (centrográfica). El desarrollo de este tipo de proyección es atribuido a Thales de Mileto en el año 500 a.C. y continúa utilizándose en la actualidad para la navegación ortodrómica o por círculo máximo. La ventaja de este tipo de proyección por sobre las demás es que todos los círculos máximos se ven representados como líneas rectas. Esto es fácilmente comprensible si pensamos que cualquier círculo máximo contiene a la posición del observador, ya que éste se encuentra ubicado en el centro de la esfera.

Proyecciones Gnomónicas

Continuará…

Darío G. Fernández
Director del ISNDF

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29/05/2024 by Instituto Superior de Navegación

Curso de timonel: Amarrar el barco (clase 20)

Viene de: Curso de Timonel: Maniobra de fondeo (clase 19).

En los puertos deportivos se pueden presentar un sinnúmero de posibilidades a la hora de atracar una embarcación, para lo cual siempre será conveniente tener referencias ciertas de las características del lugar al que se llega, a fin de tener preparada convenientemente la maniobra de amarre. Es muy frecuente ver cómo, en estos puertos, algunos barcos golpean contra sus vecinos o contra el muelle porque su tripulación no dispuso con la suficiente antelación la maniobra adecuada. Los cabos que se utilizan para amarrar el barco reciben diferentes nombres según como se los disponga: Largo, Spring y Través.

Amarre largo, spring, través

Recordemos además que el material con que deberían estar construidos estos cabos tendría que ser lo suficientemente elástico como para evitar que los tirones bruscos que se producen en el puerto puedan dañar los herrajes de cubierta (cornamusas, portaespías, etc.)

Varias son las formas de atraque posibles en función de la distribución de las instalaciones del puerto al que se accede. Veamos algunas de ellas:

  1. Amarrarse de costado.
  2. Amarrarse de proa o popa.
  3. Tomar una boya.
  4. Abarloarse a otra embarcación.

Amarrarse de costado

Si bien es cierto que cuanta mayor cantidad de cabos dispongamos para amarrar nuestro barco, más segura será su fijación, convengamos que con pocos cabos bien dispuestos también quedará perfectamente firme. No deberá olvidarse la colocación de suficientes defensas para evitar que se dañe la pintura de la banda próxima al muelle. Algunos ejemplos se ilustran en el esquema de la siguiente figura. En caso de tomar amarras en un puerto al que no estamos habituados a concurrir, es conveniente prestar atención a las indicaciones de los amarristas del lugar, en cuanto a la disposición de los cabos y a cualquier otra recomendación de interés.

Amarrar barco de costado

Amarrarse por proa o por popa

Esta es una modalidad muy utilizada en la mayoría de los puertos deportivos con excesiva concurrencia de barcos, debido a que el espacio que se ocupa es ciertamente menor que si se atraca de costado. En el caso de atracar por la proa es preciso fijar la popa de algún modo, para lo cual muchos puertos cuentan con boyas fondeadas a tal fin. De no existir dichas boyas, debe entonces soltarse un ancla por popa.

Amarre con fondeo - amarre con boya

La misma maniobra puede llevarse a cabo de popa al muelle, teniendo siempre la precaución de informarse previamente de los obstáculos que pueda haber sumergidos junto a éste. Cuando se trata de muelles construidos sobre escolleras de piedras, esta última maniobra no es recomendable ya que, de bajar la marea indefectiblemente dañaríamos partes importantes y que intervienen directamente en el gobierno del barco (timón, pata, hélice, etc.).

Para llevar a cabo la maniobra de atraque por proa con éxito, sobretodo en un puerto muy concurrido, es importante que la misma se haga en forma precisa para evitar de este modo golpear a los barcos vecinos. Para ello es conveniente tomar la boya o largar el fondeo a medida que se va ingresando de proa al muelle. De esta forma, el tripulante a cargo de esta maniobra, irá filando cabo lentamente, evitando de este modo que la popa se desplace lateralmente. Inmediatamente debe hacerse firme la proa distribuyendo sendos “largos” hacia el muelle.

Tomar una boya

La maniobra de tomarse a una boya o ponerse “al borneo” es la más sencilla y segura de todas. Para ello basta con aproximarse a la boya en cuestión y pasar el cabo de amarre por el anillo que ésta posee sobre la parte superior.

Amarre: tomar a una boya

Cuando se piensa permanecer en dicha condición por mucho tiempo, es recomendable pasar un cabo adicional por uno de los eslabones de la cadena que sujeta la boya al fondo. De esta manera, de soltarse dicha boya, la embarcación permanecerá sujeta a la cadena.

La única desventaja apreciable de este procedimiento de atraque es la incomodidad para subir a bordo, ya que se depende exclusivamente del bote auxiliar. Una desventaja adicional reside en la imposibilidad de recibir suministro eléctrico en esta condición.

Abarloarse a otra embarcación

Es frecuente en puertos muy concurridos ver a una o más embarcaciones “abarloadas”. Esta maniobra debe hacerse con sumo cuidado y teniendo respeto por el vecino, dado que estamos utilizando como amarradero nada menos que a su propio barco. De más está decir que debe previamente solicitarse su autorización. Cuando la embarcación a la que pretendemos abarloarnos se encuentra al borneo, la maniobra resulta sumamente sencilla. El procedimiento es casi idéntico al anterior en cuanto a la manera de tomar la boya y sólo será necesario, como elemento adicional, que ambas popas se encuentren amarradas entre sí. De esta manera se evita que las bordas se golpeen repetidamente al separarse y volver a acercarse las embarcaciones. Como en todos los casos, debe colocarse una buena cantidad de defensas entre ambos barcos.

Si la opción es abarloarse a un barco amarrado a muelle, el método correcto sería utilizar dos través y dos springs, como se ilustra en el siguiente gráfico. Es importante que el barco al que nos abarloamos refuerce sus propias amarras ya que éstas deberán soportar un esfuerzo extra.

Amarrar al muelle - amarrar al borneo

Continua en: Curso de Timonel: Control de averías (clase 21).

Darío G. Fernández
Director del ISNDF

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29/05/2024 by Instituto Superior de Navegación

Curso de Timonel: Maniobra de fondeo (clase 19)

Viene de: Curso de Timonel: cabullería (clase 18).

Si bien la maniobra de fondeo se incluyó en este capítulo, bien podría haberse incluido en el de seguridad, dada la importancia que esta tiene en determinadas circunstancias. Es muy probable que no se le otorgue el valor que realmente merece, tanto a la maniobra de fondeo como a los elementos que se requieren para su ejecución (ancla, cabos, cadena, etc.), sino hasta después de verse sorprendidos por alguna situación de emergencia.

Saber fondear, tener la maniobra de fondeo siempre dispuesta a ser ejecutada y contar con los elementos adecuados para tal fin, será la diferencia entre poder descansar plácidamente en algún puerto o al socaire de alguna isla, o permanecer despierto durante toda una jornada debido a que nuestro barco no permanece en su sitio.

En toda maniobra de fondeo existe una serie de factores a tener en cuenta, los que influirán de manera directa en el éxito o fracaso de la misma:

  1. El ancla: Es de suma importancia a la hora de fondear que el ancla elegida sea la adecuada para las dimensiones del barco, pero fundamentalmente para el tipo de fondo existente. No es lo mismo fondear sobre arena o fango que sobre algas, gravilla o roca.
  2. La línea de fondeo: La longitud y el tipo de la línea de fondeo dependerán del desplazamiento de nuestra embarcación y de la profundidad del lugar elegido, así como también de las condiciones de viento y marea reinantes.
  3. La elección del fondeadero: De la elección de un buen fondeadero va a depender el que la tripulación pase una noche sin sobresaltos. Aquí se tendrá en cuenta no solo el tipo de fondo del lugar, sino ade- más el reparo que allí se tenga de los vientos predominantes en la zona.
  4. La maniobra: La maniobra debe llevarse a cabo correctamente, comprobando posteriormente que no se produzca el “garreo” del ancla (situación en la que el ancla no queda debidamente sujeta al fondo y el barco se desplaza). De ocurrir, debe realizarse nuevamente toda la operación.

El ancla: sus tipos y partes

El ancla es el instrumento que, unido a una línea (cadena o cabo), es arrojado al agua para retener al buque en el lugar e impedir que sea arrastrado por corrientes y vientos. El anclapuede ser de hierro, aluminio o acero y existe una amplia gama de modelos que cubren todo el espectro de necesidades de los barcos modernos:

Ancla de cepo o Almirantazgo: Es la clásica ancla de los barcos antiguos, cuya fuerza de agarre reside fundamentalmente en su peso. Posee buen agarre en fondos duros, pero dado su tamaño resulta difícil de estibar en embarcaciones menores. Posee un cepo que, como se verá más adelante, obliga a que el ancla gire sobre su eje permitiendo que una de las uñas se clave en el fondo.

Ancla de cepo o Almirantazgo

Ancla de arado o CQR: Diseñada por Sir Geoffrey Taylor en 1933, se ha convertido en una de las anclas más utilizadas por los navegantes de crucero por su facilidad de estiba y buen agarre en fondos de fango y arena. No es recomendable para fondos rocosos. Junto con la Danforth, una de las más utilizadas en el Río de la Plata.

Ancla de arado o CQR

Ancla Bruce: Muy similar a la anterior en cuanto a sus propiedades de agarre, aunque por su tamaño resulta de estiba más dificultosa.

Ancla Bruce

Ancla Danforth: Aunque no tanto como las anteriores, tiene buen agarre en fondos de arena y fango. Esta característica, sumada a su poco peso y facilidad de estiba, hace que sea muy utilizada en la zona del Río de la Plata.

Ancla Danforth

Ancla de Rezón: Ancla muy útil para embarcaciones pequeñas ya que, si bien posee poco poder de sujeción, es de fácil estiba por tener uñas retráctiles.

Ancla de Rezón

Partes del ancla

  • Caña: Cuerpo principal del ancla. Parte comprendida entre la cruz y el arganeo.
  • Cruz: Punto en el que se unen los brazos y la caña.
  • Brazos: Cada una de las partes iguales del ancla que terminan en una uña.
  • Uña: Extremo o punta de cada brazo del ancla. Conocida antiguamente como “pico de loro”, la uña cumple la función de introducirse en el fondo marino permitiendo el agarre del ancla.
  • Arganeo: Aro o argolla de hierro u otro material que va inserto en la extremidad de la caña del ancla. Puede girar en el orificio de la caña por el que está pasado, y se fija a la cadena por medio de un grillete.
  • Cepo: Varilla metálica que atraviesa la caña en forma perpendicular cerca del arganeo. Solamente utilizado por el ancla almirantazgo o por otras con cierta antigüedad. La función del cepo es la de forzar al ancla a voltearse lateralmente, permitiendo de este modo que una de las uñas se introduzca en el fondo. Las anclas modernas carecen de cepo.

Partes del ancla

Línea de fondeo y elección del fondadero

El material a emplear en la línea de fondeo dependerá, fundamentalmente, del lugar que dispongamos a bordo para su estiba. Como se verá a continuación, sería mucho más apropiado que nuestra línea de fondeo fuese de cadena en su totalidad; pero esto implicaría ocupar un gran espacio, además del peso que sumaríamos a nuestra embarcación. Si se decidiese armar una línea de fondeo con cabo, es preciso saber que la curva catenaria obtenida no sería la correcta y que la sujeción resultaría precaria. Una opción intermedia, adoptada por gran cantidad de navegantes deportivos, consiste en una combinación de ambas, colocando una cantidad de metros de cadena a continuación del ancla y finalizando la línea con cabo de nylon. Como se sabe, el ancla consigue su máximo agarre cuando la tensión aplicada es horizontal. Por esa razón la cadena brindará a la línea de fondeo mayor sujeción, dado que esta se hunde hasta el fondo mientras que el cabo flota traccionando sobre el ancla en forma oblicua.

La combinación antes mencionada, entre cabo y cadena, mejora la “curva catenaria” y permite llevar a bordo una línea de mayor longitud (Fig. 49).

Fondeo con cadena y fondeo con cabo

Respecto de la longitud de la línea de fondeo, se puede decir que en condiciones climáticas favorables debería largarse un mínimo de cinco veces la profundidad del lugar, pudiendo ser un poco menor si la línea es de cadena en su totalidad. En caso de fondear con mal tiempo, es aconsejable que la línea de fondeo tenga como mínimo un largo de ocho a diez veces la profundidad. Al igual que el caso anterior, el largo puede reducirse si contamos con cadena.

En reglas generales, podría decirse que lo conveniente sería largar la máxima cantidad de línea posible, pero es conveniente tener en cuenta un pequeño obstáculo: el círculo de borneo.

Círculo de Borneo

Como es de esperar, nuestro barco girará o “borneará” alrededor del ancla cuando las condiciones de viento o corriente se modifiquen. Para ello es preciso que, a la hora de largar cabo, verifiquemos que todos los obstáculos o barcos cercanos queden fuera del círculo de borneo, a fin de evitar colisionar con los mismos. Cabe destacar que, de haber otros barcos en igual situación, todos bornearán en el mismo sentido.

La elección del fondeadero

Una de las precauciones a considerar, al momento de elegir el lugar donde fondear la embarcación, es la de tener en cuenta los vientos predominantes en la zona y las corrientes marinas del lugar. Debería consultarse además el parte meteorológico, en función del cual se escogerá el sitio que brinde más resguardo según su configuración geográfica. Es muy importante también que el sitio elegido nos permita abandonarlo rápidamente en caso de que sea menester hacerlo con urgencia.

Otra de las cuestiones a evaluar es el fondo, teniendo en cuenta que los fondos “blandos” (arena, arcilla, lodo) son buenos tenederos. De ser posible hacerlo, deben evitarse los fondos con algas o los duros (piedras).

La maniobra

La maniobra de fondeo es en realidad muy sencilla y consiste en aproximarse lentamente al lugar elegido y colocarse proa al viento. Cabe aclarar que, en este punto, toda la maniobra estará lista para ser ejecutada: el ancla a la “pendura” (colgando levemente del rodillo de proa), la línea preparada y adujada sobre la cubierta, y el chicote o extremo hecho firme en la cornamusa. Acto seguido y a la orden de “fondo”, se soltará el ancla hasta que toque fondo. Se procederá entonces a filar lentamente la cadena a medida que el ancla “llame”, mientras que la embarcación se desplaza lentamente hacia atrás, acomodándose al sentido del viento o de la corriente. No debe largarse gran cantidad de cabo o cadena de golpe, ya que de este modo se amontonaría en un solo lugar con el riesgo de enredarse y de no trabajar correctamente.

Una vez largada la cantidad de línea elegida, según lo visto en el apartado anterior, se soltará lo que queda de línea, si se tuvo la precaución de hacer firme el extremo en la cornamusa de proa. Sólo restará a continuación comprobar que la maniobra haya sido realizada con éxito, permaneciendo un tiempo en observación y corroborando que el ancla no “garree”. Es muy útil a tal fin tomar referencias de puntos de la costa u otras embarcaciones.

Una práctica que resulta de suma utilidad es la de colocar un boyarín unido al ancla por medio de un “orinque”.

Boyarín unido al ancla por medio de un orinque.

Esto no solo nos permitirá que el ancla quede perfectamente señalizada (tanto para nosotros como para otras embarcaciones que fondeen en el lugar), sino que además nos posibilita una ayuda extra en caso de que se dificulte la maniobra para desenterrarla, ya que se puede tirar del cabo en forma “vertical”. Para esto último es preciso que el orinque se haga firme sobre la cruz del ancla y no sobre el arganeo. Algunas anclas ya vienen con un orificio practicado a tal efecto.

En algunos casos, cuando se requiere mayor seguridad en el fondeo o cuando se debe aguantar el mal tiempo, pueden utilizarse dos anclas en lugar de una. Un ejemplo de esto es el fondeo “a barbas de gato”. En este caso se trata de fondear primero una de las anclas y después la segunda, de forma tal que las líneas de fondeo formen un determinado ángulo entre sí.

Fondeo a barbas de gato

Si lo que se pretende con esta técnica es detener al barco en una situación de temporal, lo conveniente es que el ángulo formado entre las dos líneas de fondeo no supere los 10º. Si en cambio la intención es reducir el círculo de borneo, el ángulo deberá ser lo más abierto posible (superior a 90º).

En lugares donde el “borneo” no nos es permitido (lugares estrechos, canales, etc.), se puede fondear por proa y por popa.

Fondeo por proa y popa

La técnica a emplear consistirá en largar un ancla por proa y retroceder el “doble” de distancia a la que quedará definitivamente el barco. En este punto se larga la segunda ancla y se avanza en el sentido de la primera, hasta quedar ubicados en el centro y alineados con ambas. De no contar con espacio suficiente para maniobrar con el barco, puede utilizarse el bote auxiliar a fin de trasladar la segunda ancla hasta el lugar elegido. Debe tenerse en cuenta que, como el borneo no es posible con este tipo de maniobra, el barco ya no presentará su proa al viento por lo que puede quedar atravesado a las olas. Esto último (en caso de que el oleaje se incremente) puede provocar el garreo de alguna de las anclas, además de resultar sumamente incómoda la estadía.

Otro método a considerar para fondear con mal tiempo es el de largar dos anclas “engalgadas”. Lo que se hace aquí es agregar un segundo ancla con su correspondiente línea unida al primer ancla sobre su “cruz”. Dicha línea debe tener una longitud ligeramente superior a la profundidad del lugar. Esto se hace para evitar tener que levar dos anclas al mismo tiempo. Este sistema brindará una gran sujeción al suelo, ya que el segundo ancla sostendrá al primero evitando que este garree.

Anclas engalgadas

Continua en: Curso de timonel: Amarrar el barco (clase 20).

Darío G. Fernández
Director del ISNDF

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29/05/2024 by Instituto Superior de Navegación

Historia de la Cartografía (parte 2)

Viene de: Historia de la Cartografía (parte 1).

En el artículo anterior habíamos comenzado a hablar del desarrollo de la cartografía árabe. En tal sentido, puede decirse que el geógrafo y viajero árabe por excelencia fue un tal Abu Abd Allah Muhammad al-Idrisi, o simplemente Al Idrisi. Nacido en Ceuta (ciudad perteneciente al imperio almorávide) en el 1100 d.C., puede considerarse perfectamente hispano, ya que descendía de nobles granadinos asentados en la ciudad de Málaga. Posteriormente tuvo su residencia permanente en la corte de Roger II de Sicilia, establecida en Palermo.

Si bien la obra de Al Idrisi fue muy extensa, éste alcanza su reconocimiento a partir de haber confeccionado un mapamundi, conocido como “Tabula Rogeriana”, con una particularidad muy interesante: a diferencia de todos los mapas conocidos hasta entonces, el Sur se encontraba arriba.

Tabula Rogeriana

La Eclosión en la Edad Media

Si ningún lugar a dudas, la obra de Al Idrisi influyó de manera determinante en la cartografía de los años venideros. En tal sentido, y casi en las postrimerías de la Edad Media, comienza a surgir en Europa una nueva manifestación de la cartografía de la época: las cartas marinas, también conocidas como “portulanos”.

Si bien no se pude determinar a ciencia cierta dónde comienzan sus orígenes, se presume que los más antiguos datan del siglo XIII. Los portulanos, utilizados mayormente en navegaciones de cabotaje, presentan una característica que los diferencia de las cartas o mapamundis de la época: traían representada la rosa de los vientos, en una señal inequívoca de la utilización de la brújula en navegación. La forma de representar los rumbos en dichas cartas se basaba en un entramado de líneas que entrecruzaban todo el mapa, formando una especie de telaraña a la que denominaban “ombligo”, cuyas líneas partían de las rosas de los vientos antes mencionadas.

Entre los portulanos más conocidos podemos citar el Atlas de Cresques, una representación del mar Mediterráneo que data del año 1375. Existen dos grandes grupos entre los que pueden clasificarse los portulanos: italianos y españoles. La característica que los diferencia reside en que los portulanos italianos representaban solamente el perímetro continental, mientras que los españoles extendían sus gráficos a las zonas terrestres. Era frecuente encontrar en los portulanos españoles la representación no solo de ríos interiores, sino también de relieves propios del terreno e incluso detalles de las ciudades más importantes.

La diferencia más concluyente tanto en los métodos de navegación como en la cartografía de la Edad Media, está dada sin lugar a dudas por la utilización de la brújula. Si bien se presume que ésta ya era utilizada en la China en el siglo IX, su aplicación en el mar parece demorarse hasta comienzos del siglo XIII.

Portulano

La cartografía del Renacimiento

No caben dudas que la revolución definitiva de los métodos de navegación se produce a partir de las expediciones tanto de portugueses como de españoles al nuevo continente. Esto responde indudablemente a los intereses políticos y económicos que ambos países depositan en las nuevas tierras. De aquí que los gobiernos europeos se abocaran a la tarea de financiar todo tipo de expediciones y se comenzara a considerar a la cartografía como una poderosa herramienta de índole político y comercial. Esto, que tiene su origen en España y Portugal, rápidamente se extendió a países como Francia, Inglaterra y Alemania.

En ese sentido, el Rey Carlos V puede ser considerado como uno de los grandes impulsores de la cartografía de Europa. Consciente de su valor, forma un grupo de cartógrafos de gran renombre, pertenecientes a la Universidad de Lovaina (donde actualmente se encuentra Bélgica), para encargarle una reproducción cartográfica de los países bajos. Dicha universidad, una de las más antiguas del mundo, reunía por entonces a los más prestigiosos nombres de la astronomía, la geografía y las matemáticas.

El grupo formado por el Rey incluía a Gerard Kremer (1512-1594), Jacob van Deventer (1500-1575) y Jemme Reinerzoon (1508-1555), todos ellos pertenecientes a un prestigioso grupo de cartógrafos flamencos. Debido a que el idioma que se consideraba científico por aquella época era el latín, los tres decidieron reemplazar sus nombres verdaderos por Gerardus Mercator, Jacobus de Deventria y Gemma Frisius respectivamente. Si bien es cierto que el nombre que mayor fama a adquirido a lo largo de los años es el de Mercator, éste fue alumno de Frisius y este último a su vez lo fue de Deventer.

Jacob Van Deventer preparó para Carlos V una representación sumamente fideligna de los Países bajos en varias entregas parciales. Éstos mapas resultaros de tal agrado para el emperador, que le nombró su cartógrafo personal con una abultada renta mensual. La obra de Deventer sirvió de inspiración a Mercator para el desarrollo de su tan conocida proyección.

Mapa de Deventer

Gerard Kremer, alias Mercator

Gemma Frisius, con quien el rey había alcanzado una verdadera amistad, era por entonces un afamado constructor de instrumentos de medición de enorme precisión, además de profesor de la Universidad de Lovaina. De entre sus alumnos, sin lugar a dudas, Gerardus Mercator fue el más célebre y destacado.

Mercatore

Nacido en Flandes el 5 de marzo de 1512, aprendió de su mentor las artes de la construcción de instrumentos de medición, a punto tal que fabricó para el rey una gran cantidad de ellos destinados a las campañas militares. Entre dichos instrumentos podemos destacar un anillo astronómico, un reloj de sol, un cuadrante y algunas brújulas. Una de sus creaciones más interesantes consistía en dos esferas concéntricas. La central (que representaba a la esfera terrestre), estaba construida en madera y contenía ya un entramado de paralelos y meridianos. La esfera exterior (que representaba a la esfera celeste) era de cristal transparente y llevaba grabadas las distintas constelaciones. Mercator entregó su invención personalmente al rey junto con una serie de instrumentos más, y éste lo premió con el título de Imperatorius Domesticus.

Entre sus reproducciones más destacadas Mercator publicó en 1537 un mapa de Palestina, un planisferio en 1538 y un mapa de Flandes en 1540, aunque su obra más emblemática fue un mapamundi editado en 1569 bajo el título “Nova et aucta orbis terrae descriptio ad usam navigantium emendate accomodata”, donde aparece por primera vez su célebre desarrollo cilíndrico. En dicho mapa, las loxodromias aparecen representadas por primera vez en línea recta cortando a los paralelos con igual ángulo.

Para la construcción de su mapa, Mercator utilizó un ábaco mediante el cual proyectó las imágenes con pequeños incrementos sucesivos. Desde luego que, debido a las imperfecciones del sistema gráfico, los errores de la resolución eran de consideración. Estas imprecisiones fueron detectadas algunos años después por Edward Wrigt (1558 – 1615), quien descubrió la ecuación matemática que relacionaba la distancia al Ecuador con la latitud, para explicar la proyección mercatoriana. Esto hizo que muchos atribuyeran al propio Wright la invención de la proyección cilíndrica.

Nova et aucta orbis terrae

En realidad, recién a partir del cálculo diferencial pudo resolverse definitivamente el problema, siendo un tal J. Wallis quien tuviera la tarea algunos años después. Durante los últimos años de vida, Gerardus Mercator se ocupó de construir un enorme compendio de mapas de toda Europa, al que intentaba compilar utilizando por primera vez el vocablo “Atlas”. Lamentablemente, la muerte lo sorprendió el 2 de diciembre de 1592, dejando inconclusa su obra. Su hijo, Rumold Mercator, sería el encargado de terminar lo comenzado por su padre en 1595.

El ignoto Pedro Apiano

La devoción por la cartografía de Carlos V no sólo se remitía a su predilección por Mercator, sino que además mantenía relación frecuente con otros cartógrafos de la época. Entre ellos, Pedro Apiano aparece como uno de los más relevantes.

Apiano

Apiano, nacido en Leisnig (Sajonia) el 16 de abril de 1495, fue un reconocido cosmógrafo que, al igual que la mayoría de los pensadores del renacimiento, abrazó múltiples actividades científicas. A pesar de haber escrito gran cantidad de tratados sobre cosmografía, su obra se hizo célebre a partir de la publicación en 1540 de su “Astronomicum Caesarium”. Este libro, considerado como el más espectacular del siglo XVI, fue editado a instancias del rey, quien le concedió el derecho de imprimirla junto a sus otras obras. El tratado en cuestión era un voluminoso compendio sobre todos los movimientos de los cuerpos celestes, eclipses, uso del calendario, etc.

Pedro Apiano falleció el 21 de abril de 1522.

Hasta aquí llegamos hoy. En la próxima entrega nos ocuparemos de las proyecciones que utilizamos en la actualidad y analizaremos en profundidad la consabida “Mercator”.

Darío G. Fernández
Director del ISNDF

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