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29/05/2024 by Instituto Superior de Navegación

Curso de Timonel: Navegación con mal tiempo (clase 24)

Viene de: Incendios (clase 23).

Mucha es la literatura referida al tema, como así también múltiples son las opiniones vertidas en la materia. Lo cierto es que, cuando se navega con tiempo duro, se deben extremar al máximo las precauciones. Si bien es cierto que con un barco bien pertrechado y una tripulación avezada el riesgo de que ocurra algo grave es mínimo, convengamos que navegar en medio de un temporal por mucho tiempo es una paliza tanto para la tripulación como para el barco y sus materiales. Navegar con mal tiempo es un trabajo arduo y requiere de un buen estado físico de la tripulación para ser afrontado con éxito. Todos los sentidos deben estar atentos a la maniobra y el barco debe encontrarse aparejado de la manera más conveniente, a fin de salir ilesos de la situación.

No existe una técnica determinada para afrontar un temporal y deben analizarse las decisiones a tomar frente a cada situación en particular. Trataremos de darles en este capítulo las herramientas que debe conocer todo timonel cuando se enfrenta a una situación de mal tiempo. Dependerá del buen criterio de la tripulación adoptar en cada caso las medidas que considere más convenientes.

Preparación del barco y la tripulación

Convengamos ante todo que lo mejor que se puede hacer cuando se avecina un temporal es permanecer en puerto. Queremos decir con esto que si no es absolutamente necesario y si además no contamos con la experiencia suficiente, lo conveniente sería dejar la travesía para otro momento. Solicitar siempre un pronóstico del tiempo antes de zarpar es una sana costumbre para saber lo que se avecina, aunque se haya decidido soltar amarras de todas formas. Hoy en día es muy sencillo conseguir un parte meteorológico confiable ya sea por internet, por teléfono o por VHF (canal 16 o en los canales en que operan los destacamentos portuarios de la zona). Si a pesar de todo se zarpa sin pronóstico, con mínimos conocimientos de meteorología es relativamente sencillo saber de antemano cuando se aproxima una situación de tiempo duro. Al menos, con la antelación suficiente como para prepararse convenientemente.

Lo primero que debería hacerse frente al inminente temporal es asumir tal situación y tener una charla con la tripulación para ponerlos al corriente de las medidas a adoptar. Es muy importante aquí que el capitán se exprese en forma clara y segura, evitando que la tripulación se intranquilice. Es de vital importancia la actitud de la persona al mando: debe infundir confianza al resto y a su vez asignarles las tareas a cada uno de los tripulantes. Todos deben conocer perfectamente cuál es su función.

El capitán asignará aquí guardias especiales de descanso, dependiendo de la cantidad de tripulantes que posea, intentando que todos puedan dormir lo suficiente como para permanecer descansados. De ser posible, lo ideal sería que siempre permanecieran dos tripulantes de guardia (uno al timón y otro llevando la navegación), mientras el resto descansa. Es conveniente además que los turnos no sean demasiado extensos, siendo dos horas de guardia y cuatro de descanso el ideal a adoptar. De no contar con esa posibilidad, habrá que conformarse con dos horas de trabajo y dos de descanso.

Se debe contemplar la posibilidad de que, en alguna situación en particular, sea necesaria la presencia de más personas en cubierta (para cambio de velas u otros menesteres). En ese caso, la tripulación que deja la guardia puede ser requerida nuevamente.

Inmediatamente después de haber distribuido guardias y funciones hay que abocarse a la tarea de poner el barco “a son de mal tiempo”. En primer lugar deberán estibarse a la perfección todos los elementos que hasta el momento se hallaban sueltos. Todo objeto que no esté fijado convenientemente puede convertirse en un temible proyectil cuando comience la faena. Los elementos personales se guardarán en bolsas de plástico así como todo aquello que no deba mojarse. Se procederá además a cerrar perfectamente todas las escotillas por las que pueda introducirse agua y se revisará la sentina y los imbornales, extrayendo de ambos cualquier elemento que pudiera obstruirlos (papeles, trapos, etc.) En cuanto a la tripulación, las personas que tomen la guardia deberán colocarse sus trajes de agua, chalecos salvavidas y arneses de seguridad con sus líneas de vida personales.

Navegar con mal tiempo

La “línea de vida personal” consiste en un faja de material sumamente resistente que se “engancha” por medio de un herraje a las “líneas de vida del barco”. Estas últimas, construídas en idéntico material, se instalan recorriendo el barco de proa a popa por ambas bandas, de manera tal que el tripulante que tenga puesto su arnés de seguridad pueda trasladarse a lo largo de la embarcación sin perder su unión con la misma. De no contar con estas últimas, se buscará algún medio seguro de sujetar los arneses (guardamancebos, candeleros, etc.). Es conveniente también abrigarse correctamente utilizando gorros, guantes y medias gruesas por debajo del traje de agua.

Dado que cuando comience la situación de mal tiempo la tarea de llevar la navegación se hará sumamente complicada, es preciso arbitrar los medios para hacerlo de todas formas. Para ello será imprescindible que contemos con una posición precisa en la carta antes del comenzado el temporal.

Sería conveniente además reportar por VHF a las autoridades marítimas de la zona respecto de la posición actual y del destino final de la singladura emprendida. Otra cuestión que aunque parezca menor no lo es, radica en la cocina. Una muy buena idea sería preparar algunas comidas ligeras (sopas) y bebidas calientes (café, té, etc.) que puedan guardarse en termos, ya que se hará sumamente difícil cocinar cuando la situación empeore.

Se da por sentado que el aparejo del barco es inspeccionado periódicamente en puerto; pero si esto no se ha hecho últimamente, es un buen momento para hacerlo. Debería revisarse que estén en su lugar todas las chavetas que sujetan la jarcia a los cadenotes (obenques, estays, burdas, drizas y escotas) aprovechando la recorrida en cubierta para hacer firme cualquier elemento suelto. Es fundamental además prestar atención a la fijación de las líneas de vida, anclas y cadenas, salvavidas circular y boya de autoencendido (tema que se tratará más adelante).

Será éste el momento adecuado para que los que sufren de mareo tomen las precauciones necesarias. Si todo lo anterior fue cumplido convenientemente, solo resta esperar

Una última recomendación: Es preferible perder algo de velocidad que romper una vela o darse un mal golpe durante una maniobra. Por esta razón se recomienda achicar paño a tiempo. La tarea de reemplazar una vela o tomar rizos será mucho más dificultosa cuanto mayor sea el viento y el oleaje.

Continua en: Curso de Timonel: Tácticas de temporal (clase 25).

Darío G. Fernández
Director del ISNDF

Si desea realizar el curso de timonel completo en nuestro instituto, puede contactarse con nosotros a través de nuestro teléfono Cel. (011) 15 5644-2888, o bien vía mail a secretaria@isndf.com.ar
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29/05/2024 by Instituto Superior de Navegación

Curso de Timonel: Incendios (clase 23)

Viene de: Curso de Timonel: Remolque (clase 22).

Cuando un incendio es declarado a bordo se está en presencia de uno de los peligros mayores que puedan acontecer en un barco. Es por esa razón que deben extremarse al máximo las precauciones a fin de evitar que esto ocurra. Pero si a pesar de todos los cuidados el hecho igual se manifestase, entonces debería obrarse con la rapidez y eficacia necesaria como para evitar que el fuego se propague. Si un pequeño incendio no es dominado a tiempo, puede hacer peligrar seriamente tanto a la tripulación como al propio barco.

Será menester fundamental de cada tripulante conocer a fondo la mecánica de losincendios: cómo se originan, sus causas más comunes, cómo se los combate y cuáles son los materiales combustibles. Así, llegado el caso, habrá de ser más factible evitar que el incidente pase a mayores.

El tetraedro de fuego

Hasta hace no mucho tiempo se creía que la llama era el resultado de un complicado proceso químico en el que intervenían solo tres componentes:

  1. Un material combustible (plástico, madera, etc.).
  2. Un agente comburente (oxígeno).
  3. Temperatura de ignición.

Por esa razón, para explicar el proceso de formación de incendios se hablaba del “triángulo de fuego”. En la actualidad se sabe con claridad que para que se origine fuego es necesaria la presencia de un cuarto componente: la reacción en cadena. Esto da lugar a lo que llamaremos el “tetraedro de fuego”.

Tetraedro de fuego

Para que se produzca fuego es necesaria la presencia de los cuatro elementos. Sin uno solo de ellos, la llama no es posible. Será cuestión entonces, iniciado el foco de fuego, de eliminar alguno de los cua- tro para extinguir así el incendio.

Inicio del incendio

Los materiales combustibles pueden clasificarse en tres grupos: Sólidos, líquidos y gaseosos. Como en casi todos los casos el incendio comienza con una chispa, el material combustible necesario para que éste se inicie generalmente se encuentra en estado líquido o gaseoso. Una pequeña chispa no podrá encender jamás un trozo de madera o el material plástico de nuestra embarcación, pero será muy efectiva a la hora de encender combustible líquido o gaseoso.

Otro de los riesgos a tener en cuenta es el de explosión. Es importante saber que el material combustible sólido o líquido no puede explotar, ya que solamente los gases pueden hacer tal cosa (tanque de combustible vacío, garrafas de gas, etc.). Las causas que con mayor frecuencia ocasionan incendios son las siguientes:

  1. Pérdidas de gas en garrafas.
  2. Acumulación de gases en el compartimiento del motor.
  3. Pérdidas de combustible.
  4. Averías en el sistema eléctrico.
  5. Fumadores desaprensivos.
  6. Acumulación de estopa o trapos embebidos con aceite, gasoil o nafta en la sentina.
  7. Puesta a punto defectuosa del motor.
  8. Escasa ventilación en habitáculos de baterías, motor y depósito de combustibles.
  9. Excesiva suciedad en el motor y sus accesorios.

Para tener en cuenta: Un tanque de combustible vacío tiene mayor riesgo de explotar que uno lleno. La unión entre los gases del combustible y el oxígeno producen una mezcla altamente explosiva. Se debe mantener permanentemente ventilada la zona de depósitos de combustibles, así como también la del compartimiento del motor antes de poner en marcha este último. Dicho cuidado, sobretodo, deberá extremarse cuando se trate de un motor naftero.

Debe cerrarse siempre la llave de la garrafa inmediatamente después de apagar el quemador de la cocina. Nunca en sentido inverso. Es muy importante extremar las precauciones cuando se cocina, manteniendo siempre vigilancia mientras el fuego permanece encendido.

Las fallas en el sistema eléctrico de los barcos son la causa de muchos de los incendios a bordo. Es preciso chequear periódicamente la instalación haciendo un recorrido exhaustivo por fusibles, terminales, conexiones, etc.

Clases de incendio

  • Clase A: Son producidos por sustancias sólidas como maderas, plásticos, cartones, papel, trapos, etc. El mejor agente extintor para este tipo de incendio es el agua, ya que reduce la temperatura del objeto que se encuentra en combustión.
  • Clase B: Son los que se originan en productos líquidos o gaseosos tales como nafta, kerosene, gasoil, aceite, etc. Estas sustancias poseen menor densidad que el agua, razón por la cual pueden permanecer encendidas sobre su superficie. La manera más eficaz de extinguir estos incendios consiste en depositar sobre la superficie algún gas no comburente, como puede ser el nitrógeno o el anhídrido carbónico (gases que forman sobre el líquido en combustión una barrera aislante que le resta oxígeno). También se utilizan los matafuegos a base de polvos químicos o espumas. Por supuesto que no debe usarse agua, ya que solo contribuiría a expandir el fuego.
  • Clase C: Se ubican dentro de este grupo los incendios producidos en equipos eléctricos que se encuentran en funcionamiento, por lo que debe utilizarse algún agente extintor que no sea conductor de la electricidad. Se utilizan en este caso sustancias como el gas carbónico y los polvos químicos.
  • Clase D: Este tipo de incendio es improbable que se produzca a bordo de alguna embarcación deportiva, ya que es el causado por algunos metales como el sodio y el magnesio. Por esta razón no se aborda el tema.

Métodos para combatir un incendio

Los elementos más comúnmente utilizados para extinguir incendios son: el agua, el dióxido de carbono, la espuma química, los agentes halogenados y el polvo. El agua es el agente más eficaz y económico para combatir un incendio de materiales sólidos, no siendo indicada para incendios clase “B” o “C”. Como ya se vio anteriormente, no debe arrojarse agua sobre líquidos en combustión porque lo único que se lograría de ese modo es extender el incendio. Tampoco debe usarse agua como elemento extintor en incendiosclase “C” debido a que la misma es buena conductora de la electricidad.

Al arrojar agua sobre el fuego, ésta se evapora por el calor del mismo. Dicho vapor desplaza entonces al oxígeno, sofocando así al foco. Tiene además un efecto enfriante sobre el material combustible.

Una sustancia que sirve para tratar incendios de tipo “B” o “C” es el gas carbónico. Este actúa como elemento sofocante, desplazando el oxígeno de la superficie del incendio. No es recomendable para llevar a bordo, dado que tiene poco poder sofocante y se necesitaría un matafuego de gran tamaño. Los agentes halogenados son los mejores elementos contra el fuego debido a su elevado poder sofocante y a que dejan escasos residuos después de su aplicación. No se utilizan a bordo por su alto grado de toxicidad.

El matafuego más apto para llevar en una embarcación deportiva es el de polvo. Los mismos contienen polvo químico y un gas inerte a presión. Esta clase de matafuegos si bien es útil para todo tipo de incendios, es el más apto para los de clase “C”. La limpieza de la zona afectada, una vez utilizada la carga del matafuegos, resulta relativamente sencilla.

Si se produce un incendio a bordo es fundamental actuar con máxima rapidez, dirigiendo el chorro del matafuego a la base del foco y utilizándolo siempre a favor del viento. Es preciso además maniobrar con la nave de modo de dejar el incendio a sotavento (si el fuego es a proa, se debe poner la popa al viento). De ser preciso continuar navegando, debe hacerse a la mínima velocidad posible para evitar generar viento aparente.

Si el incendio se produce en puerto, debe maniobrarse con la embarcación de manera que el foco del incendio se oriente hacia donde produzca el menor daño posible. Además, deberán desamarrarse los barcos vecinos. En caso de que no se logre atenuar el fuego, habrá que soltar amarras y remolcar al barco en llamas hacia afuera.

Téngase en cuenta que la manera más eficaz de combatir un incendio a bordo es evitar que el mismo ocurra, por ello la importancia de una correcta prevención.

Continua en: Curso de Timonel: Navegación con mal tiempo (clase 24).

Darío G. Fernández
Director del ISNDF

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29/05/2024 by Instituto Superior de Navegación

Curso de Timonel: Remolque (clase 22)

En alguna de las situaciones anteriores, tal vez sea preciso que la embarcación que sufrió la avería sea remolcada hasta un puerto próximo. La maniobra de remolque, sobre todo con oleaje, no es tan sencilla como parece y deben tenerse en cuenta algunas cuestiones importantes para evitar daños mayores. Es preciso destacar que la legislación vigente en la materia permite al remolcador cobrar por sus servicios, por lo que sería prudente aclarar dichas cuestiones de antemano.

Las dos formas más usuales de llevar a cabo un remolque en embarcaciones deportivas son: remolque por largo y remolque abarloado.

Remolque por largo

Remolque por largo

Este método se utiliza cuando es preciso remolcar una embarcación en un trayecto prolongado a mar abierto. La razón fundamental es que, de este modo, se evita que las bandas de ambos barcos se dañen entre sí a causa del oleaje. Debido a que el barco remolcado “retiene” la popa del remolcador, este último pierde maniobrabilidad. Es por esta razón que se hace inconveniente contar con dicho método cuando se necesita maniobrar en espacios pequeños.

El barco que remolca será el encargado de suministrar el cabo al barco remolcado, ya que de este modo la tarea se hace más sencilla. Deberá utilizarse un cabo sumamente resistente, puesto que se verá expuesto a violentos tirones. El mismo, además, tendrá que ser lo más largo posible (3 a 4 esloras como mínimo), a fin de evitar que el barco remolcado pueda golpear contra la popa del remolcador. Cuanto más largo sea el cabo, menos bruscos serán los tirones ya que tendrá mayor flexibilidad. Para disminuir la violencia de los tirones también puede colocarse un neumático en el medio del cabo deremolque o bien puede ubicarse algún tipo de lastre en el centro.

Otra manera de evitar los tirones consiste en hacer que, tanto el remolcador como el remolcado, maniobren correctamente intentando que el cabo se mantenga tenso permanentemente. Incluso es conveniente que la longitud de dicho cabo sea igual al período de la ola, de este modo ambas embarcaciones se encontrarán simultáneamente en la cresta o en el seno. El barco que está siendo remolcado deberá seguir en todo momento la estela del remolcador, evitando así adelantarse al cortar por el trayecto más corto. De este modo se impedirá que el cabo se afloje y se tense violentamente.

Forma correcta de remolcar

Remolque abarloado

Se utiliza este tipo de remolque cuando es necesario trasladar una embarcación en el interior de un puerto o en aguas tranquilas y cuando además es preciso maniobrar en lugares pequeños. En este caso el barco remolcado (el de la izquierda en la figura) nada tendrá que hacer, salvo permanecer con el timón “a la vía”. Es imprescindible interponer defensas entre las bandas de ambos barcos para evitar que estas se dañen.

Defensas Remolque Abarloado

Continua en: Curso de Timonel: Incendios (clase 23).

Darío G. Fernández
Director del ISNDF

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29/05/2024 by Instituto Superior de Navegación

Las distintas proyecciones cartográficas III

Viene de: Las distintas proyecciones cartográficas II.

En la entrega anterior habíamos comenzado a desgranar el tema de las proyecciones por desarrollo, entre las que se encuentran las cónicas, las polifónicas y las cilíndricas, siendo estas últimas las que más nos interesan por ser la base de la proyección mercatoriana. Alguna vez a todos nos han enseñado que la carta Mercator es aquella que surge de proyectar todos los puntos de la esfera terrestre sobre un cilindro, que más tarde se desarrolla a fin de obtener una carta. Esto es válido solo con fines didácticos pero en realidad no es correcto. Trataremos de comprender en esta entrega el fundamento principal para la construcción de las cartas Mercator, utilizadas por todos nosotros.

Las Proyecciones Cilíndricas

La proyección cilíndrica, como dijimos anteriormente, surge de proyectar una esfera sobre un cilindro que posteriormente se desarrolla. La representación cilíndrica más típica es la cilíndrica pura o cilíndrica centrográfica. En esta última, el eje del cilindro es coincidente con el eje terrestre, siendo dicho cilindro tangente a la Tierra en el Ecuador. El punto de vista en este tipo de proyección se ubica en el centro mismo del globo terráqueo, desde donde se proyectan al cilindro exterior todos los meridianos y paralelos terrestres.

Proyecciones Cilíndricas

Como se puede apreciar, los meridianos se ven como rectas paralelas equidistantes entre sí, y perpendiculares al Ecuador. A su vez, los paralelos resultan rectas paralelas al Ecuador y cuyas distancias a este último están en relación directa con la latitud representada, siendo dichas distancias mayores cuanto mayor sea la latitud a representar. En el gráfico de la figura anterior se ve claramente cómo ángulos iguales (a y b) en la esfera terrestre no representan distancias iguales sobre el cilindro (A y B).

El inconveniente que significa las diferencias entre latitudes y longitudes en una proyección cilíndrica no es como se cree, el problema principal por el cual dicha forma de representación no puede ser utilizada en navegación. La mayor dificultad reside, a decir verdad, en que dicha proyección no permite conservar los ángulos iguales.

Ángulos iguales

Aquí se ha proyectado el área terrestre cuyos lados son A y B, quedando conformada en el cilindro la figura cuyos lados son A’ y B’. Como puede verse, el área proyectada se ve un tanto deformada, haciéndose más alargada en sentido vertical. Esto es resultado de lo visto anteriormente. Las distancias A y B en la esfera no guardan la misma proporción que las distancias A’ y B’ en el cilindro. Por ese motivo, si se pretendiese atravesar diagonalmente el área terrestre de la figura (zona celeste) sería necesario hacerlo cumpliendo una derrota con un ángulo α. Esta derrota representada en la carta de papel (zona amarilla) correspondería al ángulo α’. Si bien no se aprecia claramente en la figura, queda claro que, producto del alargamiento de la figura proyectada, el ángulo α’ es mayor que el ángulo α.

Las proyecciones cilíndricas puras, si bien tienen la ventaja de que la loxodrómica queda representada por una recta, no pueden se utilizadas en navegación por no conservar los ángulos iguales. Esto fue resuelto por Gerard Kremer, más conocido como Mercator.

Las Proyecciones Modificadas

La mercatoriana es una proyección perteneciente al grupo de las modificadas, y es una derivada de las cilíndricas. El célebre cartógrafo partió de la proyección cilíndrica centrográfica y la modificó sustancialmente. La base principal de dicha modificación se basa en que reemplazó al único cilindro por una serie infinita de ellos, cada uno de los cuales es tangente a lo largo de toda la superficie terrestre. Cada uno de los cilindros de la proyección mercatoriana, una vez desarrollados, solo tienen en cuenta el crecimiento de la escala de las latitudes, mientras que la separación de los meridianos se mantiene constante e idéntica a la correspondiente al cilindro tangente en el Ecuador.

Proyección Mercatoriana

Los triángulos ABC (considerado recto en C), CDE (considerado recto en E) y EFG (considerado recto en G) son el resultado de proyectar, desde el centro de la esfera, los puntos C, E y G sobre distintos cilindros, cada uno de los cuales es tangente a los puntos proyectados. Una vez sumados los distintos trozos de proyección se obtendrá una carta cuya representación gráfica es también conocida como “latitudes aumentadas”.

La fórmula matemática que resultó sería la base de la proyección mercatoriana y se utilizó por primera vez en una carta publicada en Duisburgo en el año 1569. Por ese entonces no se conocía con precisión el radio terrestre, por lo que dicha fórmula era válida solamente para una Tierra esférica. Por esa razón se consideró a dicha proyección dentro del tipo de las esféricas. Esto traía acarreadas algunas imprecisiones, las que fueron resueltas algunos años después, cuando la ciencia permitió conocer con exactitud el radio terrestre en los diferentes puntos de la Tierra. A partir de entonces fue introducido en la fórmula original un factor de corrección, a fin de suprimir los inconvenientes antes mencionados.

Dependiendo de la posición que ocupe el cilindro que se circunscribe a la esfera terrestre, la proyección resultante recibe diferentes denominaciones. La mercatoriana vista con anterioridad, en la que el cilindro es tangente en el Ecuador, recibe el nombre de proyección mercatoriana directa. Esta es, sin lugar a dudas, la más empleada de todas las proyecciones.

Proyección Azimutal Equidistante Polar

Cuando el cilindro es tangente a cualquier otro círculo máximo, recibe el nombre de transversa. Aquí puede darse el caso de que la tangencia sea con un meridiano cualquiera, proyección que llevará el nombre de mercatoriana inversa; o bien que la tangencia sea con cualquier otro círculo máximo. En este último caso la resultante recibirá el nombre de proyección mercatoriana oblicua. La proyección mercatoriana inversa es útil cuando lo que se desea representar en una zona comprendida entre los polos, sin abarcar demasiada extensión en longitud. Pueden ser utilizadas también en navegaciones cercanas a cualquiera de los polos. En estos casos (latitudes altas) los meridianos presentarán una ligera curvatura, mientras que los paralelos se asemejarán a círculos.

Dentro de las proyecciones modificadas, la otra proyección muy utilizada es la azimutal equidistante, derivada de las proyecciones gnomónicas. Dentro de esta categoría podemos encontrar las tres clases de gnomónicas vistas con anterioridad: polar, meridiana y horizontal, dependiendo de la posición del plano de tangencia.

Variantes de la Proyección Mercatoriana

La más común de todas es la carta con proyección azimutal equidistante polar, cuya ventaja fundamental reside en que en una sola carta puede representarse todo el globo terráqueo.

En este tipo de proyección, los meridianos serán rectas concurrentes que convergerán en los polos, mientras que los paralelos serán círculos concéntricos separados, de manera tal de conservar sus distancias reales en la Tierra. De este modo, los círculos que representan a cada uno de los paralelos serán equidistantes entre sí, lo que da origen a la denominación de la proyección. La dificultad de este tipo de proyección es que sufre grandes deformaciones en la cercanía de los polos, tanto en ángulos como en distancia. Esta es en realidad una proyección calculada, ya que no surge geométricamente sino a partir de formulaciones matemáticas.

Este tipo de proyección es utilizada, por ejemplo, en la representación de la esfera celeste que utiliza el identificador de estrellas conocido como “Star Finder Nº 2102”.

Propiedades de las Proyecciones

Como ya hemos visto, en el pasaje de una esfera a un plano se producen inevitablemente errores, ya que es imposible conservar todas las propiedades geométricas de la esfera original. Cuando hablamos de propiedades geométricas nos referimos fundamentalmente a tres de ellas: ángulos, superficies y distancias. De la conservación de estas tres propiedades surge la clasificación siguiente:

  • Proyecciones conformes: Se dice que una carta es “conforme” cuando mantiene los ángulos en que se cortan dos líneas cualesquiera sobre la superficie terrestre. Esto sólo es posible siempre y cuando los meridianos y paralelos se corten en ángulo recto y además la escala sea la misma en todas las direcciones, alrededor de un punto cualquiera. La condición de conformidad solo puede mantenerse en pequeñas áreas de una misma representación. Por esa razón, la utilización del rótulo “conforme” es a menudo erróneo en ciertos casos.
  • Proyecciones equivalentes: Se dice que un mapa es equivalente cuando la superficie graficada en el plano del papel guarda equivalencia con las superficie terrestre representada. Como es de esperar, no es posible mantener la equivalencia sin deformar los ángulos originales de la esfera. Por tal motivo, si una proyección se considera equivalente, de ningún modo puede ser conforme a la vez.
  • Proyecciones equidistantes: Se denomina así a aquellas proyecciones en las cuales se conserva la proporción en las distancias entre la carta y su representación gráfica. Tal es el caso de la proyección azimutal equidistante vista con anterioridad, en la cual los paralelos de la carta eran equidistantes, respetando las distancias entre los paralelos terrestres.

Darío G. Fernández
Director del ISNDF

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29/05/2024 by Instituto Superior de Navegación

Curso de Timonel: Control de averías (clase 21)

Viene de: Curso de Timonel: amarrar el barco (clase 20).

Desde el momento en que un barco sale a navegar, y aún amarrado, se encuentra expuesto a sufrir algún tipo de avería (ya sea por abordajes, temporales, varaduras, etc.). Será función primordial del capitán evitar a cualquier precio que estas se produzcan; aunque una vez consumado el hecho, será necesario obrar adecuadamente dependiendo del tipo de avería producida.

Se entiende como avería cualquier imprevisto o accidente que perturbe el normal funcionamiento de la embarcación, afectando directamente algunas de sus propiedades principales (estanqueidad, estabilidad, navegabilidad, flotabilidad, etc.). Es posible incluso que un accidente pueda hacer peligrar más de una de las condiciones antes mencionadas. Por ejemplo, si en una colisión se avería el casco y el timón, el buque perderá su estanqueidad y su navegabilidad (gobierno).

Por todas estas razones es preciso evaluar convenientemente las causas y el tipo de avería, la situación en la que se encuentra el barco en cuanto a su estanqueidad, gobierno, propulsión, estabilidad, así como también las condiciones externas (fenómenos climáticos, fondo, profundidad, etc.).

Averías en el casco

Cuando se produce un abordaje con otra embarcación o bien cuando se colisiona contra algún objeto sumergido (rocas, barcos hundidos, etc.), se corre serio riesgo de sufrir unaavería en el casco o “rumbo” que, de resultar de importancia, puede poner en peligro incluso la flotabilidad del barco.

Es primordial en estos casos detectar la vía de agua en forma rápida, ya que será más dificultosa la tarea de detección cuanto mayor sea el nivel de agua dentro de la embarcación. Por otra parte, debemos tener en cuenta que de inundarse en demasía podrían alterarse los sistemas eléctricos, dejando así fuera de servicio a las bombas de achique.

Es preciso además que, inmediatamente, luego de producida la colisión, se comience a inspeccionar en detalle la embarcación. De comprobarse la existencia de algún rumbo en el casco, parte de la tripulación se abocará a la tarea de obturar la vía de agua mientras que el resto comenzará con las tareas de achique. Cabe aclarar que además de poner a funcionar las bombas eléctricas, debería complementarse dicha tarea con cubos de agua y bombas manuales. Alguien dijo en tal sentido que “no hay mejor achicador que un buen balde y una tripulación asustada”.

Una forma sencilla de taponar pequeños orificios o grietas en el casco es colocando tarugos o cuñas de madera a presión. Es preciso destacar la importancia de llevar estos elementos a bordo, así como trozos de madera blanda, ya que la misma se hincha al absorber agua facilitando la obstrucción. Los tarugos o cuñas pueden envolverse en trapos antes de ser introducidos en los orificios, logrando así un cierre aún mejor.

Tapar orificios de embarcaciones

Una vez completada la tarea de taponar el agujero con cuñas, pueden rellenarse los resquicios con trapos o estopa. Sería conveniente además, una vez completado el proceso anterior, colocar una plancha de goma o bien una colchoneta, la que puede ser sólidamente fijada con una tabla y un puntal improvisado. Es importante señalar que la presión ejercida por el agua será mayor cuanto más sumergida se halle la abertura, de ahí que un rumbo abierto en el fondo de la embarcación será más difícil de obturar que uno que se encuentra cerca de la línea de flotación. En este último caso, bastará con escorar el barco lo suficiente como para evitar el ingreso de agua hasta haber concluido con la tarea de sellado. Si bien los rumbos en la obra muerta conllevan menor riesgo, los mismos no deberán minimizarse.

Esto se debe a que, de empeorar las condiciones climáticas, los rolidos del barco y las olas pueden introducir una cantidad de agua suficiente como para hacer peligrar la flotabilidad del barco. Y es por esta razón que deberán ser tratados con la celeridad necesaria.

En caso de que el rumbo producido tenga forma de “grieta” o que sus bordes sean muy irregulares, no es conveniente taparlos clavando cuñas debido a que podrían agrandarse. En tal caso será más conveniente “redondear” sus extremos con una mecha o lima, a fin de que la fisura no se extienda.

Orificios practicados

Cuando el orificio producto de la colisión es de dimensiones mayores, la tarea se dificulta. En principio ya no serán de utilidad cuñas o tarugos y deberá pensarse en elementos de mayor superficie para practicar la obturación. Puede ser de utilidad a tal efecto una colchoneta enrollada e introducida dentro del orificio, fijada convenientemente con tablas y puntales.

De ser magro el resultado obtenido, puede practicarse una obturación pasando una lona por la parte exterior del casco y fijándola convenientemente en las regalas de ambas bandas. La presión del agua se encargará de mantener la lona pegada al casco y detendrá en gran medida la filtración al interior.

Control de averías

De más está decir que no existe una receta general para todos los casos y que deberá primar siempre el sentido común a fin de resolver cada uno en particular. Llegado el punto en que la gravedad de la situación sea tal que se encuentre en duda la flotabilidad del barco, la tripulación deberá prepararse para un eventual abandono, teniendo en cuenta que esto será llevado a cabo solo en última instancia.

Averías en el timón

Varias son las averías que pueden sufrirse en el timón: daños en la caña o en la rueda, rotura de la mecha (eje que une la caña con la pala del timón), pérdida de la pala, etc., todas éstas graves si se tiene en cuenta que afectan directamente el gobierno de la embarcación.

En el caso de la caña, la situación puede resolverse de manera más o menos sencilla, improvisando una nueva con algún remo o algo similar. Los barcos con timón de rueda tienen alguna complicación adicional, ya que la transmisión a la pala no se hace en forma directa sino a través de guardines y poleas. Sería aconsejable, en el caso de que compremos un barco con timón de rueda, solicitar al fabricante la posibilidad de contar con una caña de fortuna, la que se acoplará inmediatamente a la mecha en caso de averíasen el sistema de transmisión.

Cuando la avería se produce en la mecha, la situación puede resolverse realizando una perforación en la parte posterior de la pala, por donde puede fácilmente pasarse un cabo hacia ambas bandas. De este modo se gobernará fácilmente cazando y filando ambos cabos alternativamente. Esta perforación puede ser efectuada previamente a modo de prevención.

Averías en el timón

La situación más complicada se dará cuando se produce la pérdida de la pala del timón, en cuyo caso nos veremos obligados a improvisar un timón de fortuna. El éxito o fracaso dependerá en gran medida de la habilidad que posean los tripulantes a la hora de trabajar con herramientas.

La manera más práctica de llevar a cabo la tarea es utilizar un tablón de madera a modo de pala, unido a algún listón que se pueda encontrar en el barco (remo, bichero, etc.). Este último se sujetará firmemente en algún herraje a popa del barco. La parte inferior de la pala puede afirmarse haciendo pasar un cabo por la limera (cavidad por donde pasa la mecha).

Para el gobierno de la embarcación, se utilizará el aparejo explicado en el párrafo anterior, con dos cabos bien trincados (uno a cada banda). Es preciso destacar la necesidad de continuar la navegación con velocidad reducida a fin de minimizar al máximo los esfuerzos del timón de fortuna.

Arreglar averías en el timón

Averías en la arboladura

Cuando se habla de averías en la arboladura hay que tener en cuenta que se está hablando directamente de pérdida de propulsión. Si bien esto no es tan grave en navegaciones cortas, si se dispone de un motor auxiliar, en navegaciones más extensas implicará el no poder regresar a puerto.

Con frecuencia, cuando se desarbola una embarcación, es debido a falta de mantenimiento en la jarcia firme. Por esta razón es conveniente hacer revisiones periódicas tanto de las sujeciones (cadenotes, trulocks, chavetas, pernos, etc.) como de los cables de acero de estays y obenques. Otra de las razones por las que puede partirse o caer un palo se debe a navegar con excesivo paño frente a los vientos reinantes, por eso es tan común que suceda en regatas. Una vez producido el accidente (caída del palo), lo primero que debe hacerse es tratar de salvar lo que quede del aparejo y evitar que los restos de la arboladura dañen el casco o las velas. Para esto será conveniente subir el palo a bordo y trincarlo de manera tal que permita operar libremente sobre cubierta. Si la situación no lo permite debido a las inclemencias del tiempo y se pone en peligro la integridad del casco o de la tripulación, será preciso en ese caso deshacerse del mismo y para ello será de suma utilidad contar a bordo con alguna pinza capaz de cortar cables de acero.

Finalizada la tarea de aclarar la cubierta, deberá pensarse en la manera de construir un aparejo de fortuna, para lo cual tendrá que analizarse minuciosamente la situación. Para el reemplazo del palo mayor puede utilizarse el tangón, la botavara e incluso la parte alta del mástil caído o el trozo que haya quedado en pie. La jarcia puede rehacerse usando los restos de la jarcia antigua o bien mediante cabos tensados convenientemente.

Es importante destacar que, cuanto más largo sea el palo de fortuna, mayor será la superficie vélica que podamos izar aun- que más difícil será guarnirlo sobre la cubierta. Las variantes que pueden presentarse a la hora de construir un aparejo de fortuna son muchas, dependiendo en cada caso de la forma en que se produjo el accidente: mástil caído por completo, mástil roto cerca de la fogonadura, mástil roto a la altura de la cruceta, etc. Dependerá del buen tino del capitán llevar a cabo la reparación que mejor se adapte a las circunstancias, así como también de que se cuente a bordo con las herramien-tas y materiales adecuados para tal fin.

Continua en: Curso de Timonel: Remolque (clase 22).

Darío G. Fernández
Director del ISNDF

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