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29/05/2024 by Instituto Superior de Navegación

La longitud en el mar (parte 2)

Viene de: La longitud en el mar (parte 1).

El método de las distancias lunares para obtener la longitud, del cual hablábamos en el artículo anterior, fue abandonado paulatinamente gracias a la invención del cronómetro marino. Esto no ocurrió de un día para el otro y al principio los navegantes se resistieron a adoptar ese nuevo y “sofisticado aparato”. La humanidad siempre se ha resistido a los cambios y no fue esta la excepción, pero la simplicidad del sistema hizo que a mediados del siglo XVIII aparecieran por toda Europa gran cantidad de fabricantes que poco a poco fueron perfeccionando sus productos e invadiendo el mercado. No había para entonces navío que no tuviera a bordo al menos un cronómetro. De este modo se había resuelto el mayor problema de la navegación de aquel entonces: la determinación de la longitud.

El método

Como habíamos visto, la Latitud en ese momento era fácilmente determinada, o bien por medio de Polaris (la estrella polar), o bien por la obtención de la altura del Sol al momento de su pasaje por el meridiano del observador. La cosa es sencilla: conociendo la declinación (latitud) que tiene el Sol para esa época del año y midiendo su altura por intermedio de un sextante, se obtiene la latitud con una simple suma o resta.

Veamos el esquema de la figura:

Calcular altura meridiana

En este caso tenemos al observador en el punto Z, y al Sol atravesando su meridiano. Siendo la declinación (δ) de este último menor a la latitud (ϕ), el observador lo verá pasar de cara al Norte. Si en ese momento se le toma una altura al Sol se puede obtener lo que se conoce como distancia zenital (Dz), que es la diferencia angular entre el zenit del observador y el astro en cuestión. Dado que desde el zenit al horizonte siempre hay 90º, la distancia del zenit al astro será 90º menos la altura obtenida.

Dz = 90º – h

Del gráfico se desprende claramente que, en este caso en particular, la latitud surge de sumar la distancia zenital obtenida por medio del sextante a la declinación del Sol para ese día. Esto no siempre será así y dependerá de las posiciones relativas entre el Sol y el observador la fórmula a aplicar, siendo sumamente sencilla en cualquier caso.

ϕ = δ + Dz

Ahora bien, para determinar la longitud a partir del cronómetro marino, el procedimiento era aún más simple. Se ponía en éste la hora solar del meridiano del punto de partida. Para que se comprenda mejor diremos que se esperaba el instante en que el Sol pasaba por dicho meridiano (mediodía), momento de su máxima altura, y se colocaba al cronómetro en las doce horas (12:00 hs.). Hecho esto se navegaba tranquilamente llevando la hora del meridiano de referencia a bordo.

Se esperaba en el mar un nuevo pasaje del Sol por el meridiano en que se encontraba el navío en ese momento, y se anotaba la hora que indicaba el reloj del meridiano del punto de partida. Supongamos que éste indicase las 14:00 hs. Esto quería decir sencillamente que habían pasado dos horas desde que el Sol pasó por el meridiano de origen, encontrándose en ese momento por sobre el buque. Sabiendo que el Sol se mueve a razón de 15º por hora, el razonamiento era muy simple: Si recorrió dos horas desde que partió del primer meridiano y se encontraba sobre la posición del buque, habrá recorrido pues 30º de longitud, y ésa era la diferencia en longitud con el meridiano de referencia. Hemos simplificado el procedimiento a fin de que se comprenda mejor. Nótese que decimos meridiano de referencia y no de Greenwich ya que por aquel entonces no estaba aún definido cual era el primer meridiano y cada país adoptaba el que mejor el parecía.

Este método parece hoy muy sencillo, pero no lo era tanto por aquel entonces. Téngase en cuenta que hoy sabemos con precisión la hora de Greewich (U.T.), cosa muy difícil de determinar con precisión en esos días. Las imprecisiones del método consistían tanto en la determinación del punto de partida como en la obtención de la hora del pasaje meridiano del Sol por sobre el barco.

Un método utilizado por entonces, y que aún sirve a aquellos que practican la navegación de altura, es el de las “alturas correspondientes” o “alturas recíprocas”. Dado que el Sol describe un círculo que alcanza su altura máxima en el momento de su pasaje meridiano, es muy difícil determinar con precisión el instante exacto en que esto ocurre, ya que las variaciones de altura es este punto son casi imperceptibles. Esto se agrava en latitudes altas en las cuales el Sol apenas se eleva por sobre el horizonte. El método consiste en tomar una altura en un instante cualquiera previo a la altura meridiana, anotando el valor de dicha altura (hi1) y la hora (Hb1). Hecho esto se espera con el sextante el momento en el que el Sol vuelve a alcanzar una altura idéntica a la primera después de su culminación (hi2), anotando nuevamente la hora (Hb2).

Promediando ambas horas se obtiene la hora meridiana:

Hm = (Hb1 + Hb2) / 2

De este modo se obtenía no sólo la hora meridiana en el mar sino que servía para determinar la hora del primer meridiano.

Calcular alturas correspondientes

El descubrimiento del Capitán Sumner

Hasta ese entonces el determinar la posición fuera de la vista de costa requería de obtener separadamente la latitud y la longitud, trasladando la una a la otra por estima (rumbo y corredera). Posteriormente el cronómetro permitió mejorar el método para determinar la longitud geográfica a partir de la latitud estimada por la observación de astros que se encontraran al Este o al Oeste del observador (azimut 90º o 270º). Este método fue conocido como el de las “observaciones cronometradas” o “método del horario”, pero aún así era necesario seguir obteniendo ambas coordenadas (latitud y longitud) en forma separada.

La primera línea de posición astronómica que se conoce fue descubierta por casualidad por el Capitán de la Marina Mercante norteamericana Thomas Hubbard Sumner el 18 de diciembre de 1837. La descripción que él mismo hace de su descubrimiento es la siguiente: “Habiendo salido de Charleston el 25/11/1837 con destino a Greenock , una sucesión de tiempos duros del Oeste nos prometía un viaje corto. A la altura de las Azores, el viento roló al Sur, cubriéndose el cielo por completo; después de cruzar el meridiano de 21º W no se pudo determinar situación alguna hasta encontrarnos cerca de tierra, pero se obtuvieron algunas sondas que nos hicieron suponer que no estábamos muy lejos de la costa. El tiempo era completamente cerrado, más brumoso que en días anteriores y el viento soplaba del Sur; el 17 de diciembre, siendo de 40 millas la distancia estimada al faro de las Rocas de Tuskar, el viento roló al SE, quedando a sotavento la costa irlandesa. Entonces procuré barloventear lo más posible, virando para ello repetidas veces durante la noche. Al amanecer y sin distinguir tierra alguna, arrumbé al ENE con poco trapo y rachas de viento duro. Al ser las 10 de la mañana en el reloj de bitácora, pudo observarse una altura del Sol y se anotó la hora del cronómetro correspondiente a dicho instante. Pero era evidente que por haber navegado tanto tiempo sin observación alguna, la latitud de estima había de ser errónea y por tanto no debía de merecer confianza la situación obtenida. Se calculó la longitud por el método del horario, y en el cálculo se empleó esta latitud errónea, con lo cual se obtuvo una situación 15 millas más al Este que la estimada. Supuse después una latitud de estima 10 millas más al Norte que la utilizada antes y más hacia la costa, resultando una situación 27 millas más al ENE que la primera. Supuse, por último, una latitud de estima 10 millas más al Norte que la anterior y siempre hacia la costa, obteniendo una situación 27 millas más al ENE que la segunda. Al situar en la carta estos tres puntos, ví que estaban sobre una misma recta y que ésta, prolongada, pasaba por el faro de Smalls. En seguida comprendí que la altura que se había observado, debía ser la misma que podía haberse tomado en los otros dos puntos calculados, y en el faro de Smalls en aquél instante”. Lo que siguió fue obvio: decidió seguir navegando por la recta obtenida y a poco de andar vio aparecer por la proa el faro de Smalls.

¿En que consistió básicamente su descubrimiento? Trataremos de explicarlo. Si tomamos una altura al Sol en determinado momento (al igual que sucedería con un faro) no seremos los únicos que lo veremos con esa misma altura, sino que también lo harán todos aquellos observadores que se encuentran sobre un círculo, llamado “circunferencia de alturas”. La circunferencia de alturas es entonces una línea de posición, que contiene a todos aquellos observadores que verán al Sol con igual altura. Sin quererlo, el Capitán Sumner, desconfiando de su latitud, supuso una aproximada y obtuvo una longitud, repitiendo el procedimiento para diferentes latitudes. Para explicarlo más claramente: si nos encontrásemos en determinada latitud, sólo veríamos al Sol con la altura medida si nos encontrásemos en tal longitud. Al repetir el procedimiento para varias latitudes diferentes, uniendo las posiciones obtenidas estaba, por casualidad, trazando una línea que contenía a todos los observadores que veían al Sol con la misma altura que él lo hacía. Estaba, por lo tanto, trazando una línea de posición que era en definitiva una porción de la circunferencia de altura.

Más tarde, algunos científicos pudieron explicar matemáticamente lo acontecido y el método salió a la luz conocido como “secante de Sumner”, ya que la recta obtenida es una secante a la circunferencia de altura. En 1843 aparece su método en una obra titulada “ A new accurate method for finding a ship’s position at sea, by projection on Mercator’s chart” y fue tal su éxito que inmediatamente fue necesario realizar nuevas ediciones. Cabe señalar que la recta de alturas, al igual que las líneas de posición costeras, son sólo eso: líneas. Estas no definen la situación del buque por si mismas, siendo necesario intersectarlas con otras a fin de obtener una posición correcta.

La recta de altura

Calcular círculo de altura

Al descubrimiento hecho por Sumner se sucedieron varios más, todos ellos tomando como punto de partida el iniciado por él. En el año 1879 el Capitán de la Marina inglesa Alfred Johnson publicó su método, conocido como “tangente de Johnson”. La diferencia básica respecto del método de Sumner reside en que en el primer caso, para obtener la porción del círculo de altura, Sumner utiliza dos puntos y traza su línea de posición, que resulta ser “secante” al dicho círculo. En el método de Johnson, la recta se traza a partir de un solo punto, llamado “punto determinante” orientada en forma perpendicular a la visual al astro (azimut).

Sumner y Johnson

Lo curioso es que el método de Johnson parece haber sido producto de una especie de plagio ya que éste ya había sido propuesto por el mismo Sumner en 1843, sin haber sido tenido en cuenta. Él mismo lo describe de la siguiente manera: “Si se obtiene exactamente el azimut del Sol, bastaría hallar la longitud de un solo punto en cada recta, la cual puede obtenerse utilizando la latitud estimada para hallar el horario, porque si entonces se traza en la carta desde este punto una línea en la dirección exacta del Sol, y se traza una segunda línea en el mismo punto siendo perpendicular a la primera, mostrará la demora de la Tierra, etc., como anteriormente, y si fuesen tomadas dos alturas, y trazadas así las líneas, se hallaría fácilmente la latitud y la longitud, pero a no ser en circunstancias muy favorables, no puede hacerse esto con precisión suficiente, y el único camino seguro es hallar la posición de dos puntos en cada línea”. Está claro que lo propuesto por Johnson fue idea de Sumner, aunque él mismo lo desestima por encontrar “impreciso” el hecho de utilizar el azimut como dato, ya que su medición no es sencilla.

Algunos años después, el Capitán de la Marina francesa Marc de Saint Hilaire, publicó su método basado en los mismos principios de la tangente de Johnson, pero conceptualmente distinto, muchos más sencillo, más preciso y con menos restricciones que los dos anteriores. El mismo se basa el trazado de una línea de posición, a partir de un “punto determinante”. Para obtener dicho punto, y a partir de la posición estimada, se calcula la altura con la que “debería verse el astro” de encontrarse en dicha posición. Paralelamente se obtiene la altura real del astro y se la compara con la que se calculó, determinando así la distancia a la que el buque se encuentra del punto “supuesto”. Habiendo calculado además (matemáticamente) el azimut al astro, simplemente se traza una línea con dirección azimutal al astro en cuestión, se ubica en ella el punto determinante (resultado de la diferencia entre la altura calculada y la verdadera). La recta de altura resultante será la perpendicular a la dirección al astro que pasa por el punto determinante. Esto es un tanto complejo para explicarlo en breves líneas, razón por la cual solo se explican algunos detalles.

El “método de Saint Hilaire” o “método de la tangente de Saint Hilaire” se convirtió rápidamente en el más utilizado por los navegantes de todo el mundo, por su precisión y facilidad de cálculo. A partir de entonces se han editado tablas de todo tipo a los efectos de resolver las ecuaciones del triángulo de posición, necesarias para el trazado de la recta de altura por el método de Saint Hilaire.

En la actualidad las tablas de cálculo más conocidas son las que edita el National Imagery and Mapping Agency de los Estados Unidos, en sus formatos para la navegación marítima (Nº 229) y para la navegación aérea (Nº 249), aunque pueden encontrarse además tablas publicadas por otros servicios a los mismos efectos. Una tabla interesante de conocer es la de “Agetón”, sumamente practica porque a diferencia de las anteriores, viene presentada en un solo volumen y de tamaño reducido, ideal para llevar a bordo. La desventaja que tiene es que hay que aprender el método, y la interpolación no es del todo sencilla.

Aparecieron inclusive, hace algunos años, calculadoras electrónicas diseñadas especialmente para resolver las fórmulas del triángulo de posición (Tamaya). Esto último esto carece de sentido en la actualidad, ya que lo mismo puede hacerse con cualquier calculadora científica programable y a muy bajo costo.

Para aquellos que lleven a cabo navegaciones de largo aliento y quieran tener a bordo un sextante, mi recomendación es que se provean de un buen par de calculadoras y alguna de las tablas antes mencionadas por seguridad. La de Agetón es una buena opción si tienen ganas de aprender el procedimiento. Ah, y no se olviden del Almanaque náutico.

Darío Fernández
Director del ISNDF

Filed Under: Blog Tagged With: ageton, alturas correspondientes, alturas recíprocas, Blog, circunferencia de alturas, metodo del horario, observaciones cronometradas, punto determinante, secante de sumner, tangente de johnson

29/05/2024 by Instituto Superior de Navegación

La longitud en el mar (parte 1)

Cuando comienza en Europa el período de las grandes navegaciones oceánicas, y gracias al descubrimiento del Nuevo Mundo, se vuelve imprescindible el perfeccionar los métodos conocidos hasta entonces para determinar la situación de los barcos en el mar. La obtención de la latitud geográfica no presentaba por entonces mayores problemas y la mayoría de los navegantes contaba ya con varios métodos para establecerla con bastante precisión. No ocurría lo mismo con la longitud, y su determinación precisa se volvió una obsesión tanto para navegantes como para cosmógrafos, astrónomos e incluso para algunos reyes que veían peligrar las riquezas obtenidas en sus nuevos dominios.

Esferas armillares

Los primeros intentos

Según parece, el primero que ideó un sistema de coordenadas más o menos parecido al que hoy conocemos fue Hiparco, proyectando en la esfera terrestre las coordenadas utilizadas en la esfera celeste. Habría sido él mismo quien intentó un método para la determinación de la longitud empleando los eclipses de Luna, aunque nada concreto aparece hasta principios del siglo XVII.

Se sabe con certeza que uno de los primeros en intentar resolver el problema fue el célebre Galileo, quien propuso al Rey de España un método bastante curioso. El mismo se basaba en su reciente descubrimiento de los satélites de Júpiter, e intentaba establecer la longitud geográfica por medio de la observación de los eclipses y ocultaciones a que se veían sometidos los satélites jovianos. El problema que enfrentaba no era poca cosa: el instrumento necesario para visualizar las lunas de Júpiter precisaba de un aumento importante y, por otra parte, debía contar con un enorme campo visual para contrarrestar los movimientos de los barcos en el mar. Aun así, se hacía sumamente difícil la observación. El propio Galileo ideó un artefacto especial, al que le siguieron varios más. Entre otros, un tal Bouguer, construyó a tal efecto un anteojo de tres metros de longitud pero sin resultados satisfactorios.

Algunos otros intentaron por otro camino. En 1567, Jacobo Besson invento lo que llamó “el asiento del observador”, que no era otra cosa que una tabla colgante que minimizaba las sacudidas en el mar. A éste lo siguieron muchos otros inventores, ideando un sinnúmero de estrambóticos mecanismos que combinaban todo tipo de anteojos con sillas de tipo cardánica.

Por entonces, algunos cosmógrafos propusieron otros métodos basados en los eclipses solares, e incluso se pensó en los lunares, aunque todos ellos nunca llegaron a ser una realidad en la resolución del problema. El inconveniente no sólo residía en la dificultad de la observación, sino también en que los eclipses, tanto sea lunares como solares o jovianos, son poco frecuentes con relación a lo que el navegante necesita.

Aun así, muchos continuaron insistiendo en el método de Galileo hasta bien entrado el siglo XIX.

El método del almirante

Cristobal Colón

Quien creyó haber descubierto por fin el método para la determinación de la longitud, o como la llamaban en la España de la época: altura del este – oeste, fue el mismísimo Cristóbal Colón. Fue durante su primer viaje en que comenzó a notar que la declinación magnética variaba a medida que avanzaba hacia el poniente, a la vez que pasaba del Este al Oeste a la altura del meridiano de los 3º W.

La noche del 13 de septiembre de 1492 anotó en su diario de bitácora: “Aquel día con su noche, yendo a su vía, que era el Oeste, anduvieron 33 leguas, y contaba 3 o 4 menos. Las corrientes le eran contrarias. En este día, al comienzo de la noche, las agujas nordesteaban, y a la mañana noroesteaban algún tanto”. Esta claro que percibió la variación de la declinación utilizando la estrella polar.

Don Cristóbal comenzó entonces a efectuar minuciosas anotaciones acerca de la declinación magnética de las zonas por las que navegaba, convencido de que, determinando su variación, podía establecer la longitud en la que se encontraba. De poco le valió su trabajo en ese sentido ya que, como sabemos, la declinación no varía de manera lineal sobre la esfera terrestre así como tampoco es constante a través del tiempo. De más está decir que su método fracasó rotundamente aunque, sin proponérselo, bosquejó los primeros mapas con líneas “isógonas” (líneas que unen puntos de igual declinación magnética) que se conocen. Algo que más tarde sería de suma utilidad.

Algún tiempo después aparecieron muchos otros proyectos similares al de Colón, e incluso hubo alguno que intentó utilizar la “inclinación” de la aguja en lugar de la “declinación”, pero todos ellos resultaron inútiles a los fines que se pretendía.

Un curioso concurso

El enorme desarrollo naval aparecido en Europa después de la conquista, hacía del problema de la longitud una cuestión de estado. Nada era más importante por entonces, a punto tal que algunos soberanos comenzaron a ofrecer suculentos premios a aquellos que pudiesen proveer a su majestad de un método eficiente para determinar la longitud. El primero en intentar este camino fue Felipe III, un siglo antes que sus predecesores, ofreciendo la suma de 6000 ducados de renta permanente más algunos adicionales a aquel que descubriese un método eficaz.

Lamentablemente no era el momento científico más propicio y la iniciativa no tuvo buenos resultados, pero fue tal la popularidad que tomó el concurso que aparecieron miles de aspirantes de toda Europa con métodos de los más disparatados. De entre todos ellos, pocos tenían real sustento científico como el aportado por Galileo Galilei, a quien ya mencionamos. Otros países sucedieron en la iniciativa a Felipe III casi un siglo después, entre ellos Francia, Inglaterra y Holanda. El más importante de todos fue el que estableció el Parlamento inglés en 1714, al que se conoció como “Premio de la Reina Ana”.

Lo curioso de este concurso residía en el reparto de los premios, que quedaban establecidos de la siguiente manera: 20.000 libras esterlinas al método que permitiera determinar la longitud en el mar con un error de medio grado, 15.000 si el error rondaba los dos tercios de grado, y sólo 10.000 si la imprecisión superaba el grado.

Según parece, fueron tantas y tan insólitas la mayoría de las propuestas recibidas, que fue necesaria la publicación de una explicación completa de lo que se entendía por longitud, ya que en muchos casos los disparates pergeñados por algunos ni siquiera tenían que ver con la posición en el mar.

De entre todos los sistemas presentados a su majestad, apareció uno que se utilizó con éxito hasta hace no mucho tiempo: el método de las distancias lunares.

Las distancias lunares

No es objeto de esta nota explicar un método tan complejo, pero vamos a intentar que se comprenda al menos la idea principal. Como sabemos, la tierra da una vuelta completa (360º) cada 24 horas. Un cálculo simple nos permite establecer que el Sol recorre 15º de longitud en una hora. Digamos además que el Sol debería pasar tanto por el primer meridiano como por el de cualquier observador aproximadamente a las 12:00 hs. hora civil.

Astrolabio

Pues bien, determinando el momento en que el Sol atraviesa el meridiano del observador y conociendo la hora del primer meridiano en ese mismo momento, se puede establecer por diferencia horaria, el tiempo que el Sol tardó en llegar desde el meridiano de origen hasta la supuesta posición. Hecho esto, es fácil conocer la longitud aplicando una sencilla regla de tres. Por ejemplo, si el Sol tardó en recorrer desde el primer meridiano hasta nuestra posición 2 hs. 20 min., podemos decir que:

Si en 60 min. (1 hora) ______________ 15º

en 140 min. (2 h. 20 m.) _____________ 140 x 15 / 60 = 35º

Conclusión: si el Sol se encuentra ahora en el meridiano del observador y son las 14:20 hs. en el primer meridiano, éste habrá tardado 2 hs. 20 min. en desplazarse desde éste hasta la nueva posición. Por lo tanto habrá recorrido 35º, siendo éste el valor de la longitud del observador. El sistema aparenta ser sumamente sencillo, y de hecho lo es, salvo por la imposibilidad de determinar la hora del meridiano de 0º, y esto se debe a una razón muy simple: aún no se había inventado el cronómetro.

Pues bien, el método de las distancias lunares sirve concretamente para determinar esto último (la hora del primer meridiano), utilizando para ello la posición de la Luna y de un astro cualquiera. Se llama “distancia lunar” al ángulo formado entre la visual desde un punto cualquiera de la Tierra, a los centros de la Luna y al astro en cuestión. Obteniendo dicho ángulo por medio de un instrumento óptico y recurriendo a las efemérides anuales se podía, luego de varias correcciones, determinar la hora de Greenwich en ese instante.

Este método ya había sido propuesto por Nüremberg en el año 1514, aunque el que vio la luz fue el aportado por Morín en 1634. El problema de la precisión del método ya no residía en la observación sino en la confección de tablas que contengan las efemérides de la Luna. Esto preocupó y mantuvo ocupados a todos los genios de la época, a punto tal que en la construcción de almanaques náuticos precisos intervino el mismísimo Isaac Newton. Toda la ciencia náutica se encontraba abocada a una sola tarea: la construcción de una tabla de la Luna. Dálembert, Clairaut, Euler, Halley y el propio Newton aportaron lo necesario y fueron cientos las tablas que comenzaron a publicarse entre los distintos países.

El misterio de la longitud comenzaba a develarse.

Los nuevos relojes

El método de las distancias lunares para determinar la hora del primer meridiano tuvo su apogeo en los comienzos del siglo XIX, cayendo lentamente en desuso por varias razones. Una de ellas era que los cálculos de paralaje, refracción y semidiámetro, convertían al método en algo sumamente complejo para los nuevos navegantes. Por otra parte, la invención de los relojes mecánicos hacía inútil al sistema. Para obtener la hora del primer meridiano sólo era necesario contar con uno de estos modernos artefactos, ajustarlo a la hora del meridiano de referencia y mantenerlo funcionando a bordo. Curiosamente, el método se continuó utilizando en algunos países hasta casi finales del siglo XIX. Incluso en nuestro país, dicho sistema aparece explicado en los libros de la Escuela Naval Militar editados en el año 1909.

Una interesante curiosidad reside en que el descubrimiento del método de las distancias lunares ocurre casi al mismo tiempo que se desarrollan las primeras teorías sobre relojes mecánicos. De hecho, en una junta celebrada en Badajoz en 1524, Fernando Colón (hijo de Cristóbal) propuso el método de los relojes para determinar la longitud, expresando lo siguiente: “La otra forma sería crear un instrumento fluente, el cual, en el más largo y determinado espacio de tiempo que se pudiera, acabase de correr asignando en él sus puntos divisos por sus horas y cuartas y fracciones (habla concretamente de inventar un reloj), y con el instrumento comenzar a caminar desde el lugar donde comienza la partición al punto de mediodía (hora del primer meridiano), y cuando caminase más al Oriente por cada quincena parte hora que el mediodía viniese al caminante antes de haber recorrido 24 horas, diremos que había caminado un grado hacia el Oriente o por el contrario hacia el Occidente”.

Gemma Fissio, célebre cosmógrafo y matemático de la época, lo explica de un modo mucho más simple: “Antes de poneros en camino, poned vuestro reloj a la hora del lugar que vais a dejar; cuidad de que la máquina no se pare durante el trayecto; cuando tengáis corridas veinte leguas, por ejemplo, hallad la hora del lugar con el astrolabio, esperando para ello que la sombra caiga justamente sobre la línea horaria; comparad esta hora con la de vuestro reloj y tendréis la diferencia en longitud”. Más claro, imposible.

Muchos y muy variados fueron los intentos de construir un reloj preciso y que funcionara correctamente en el mar. A partir de los comienzos del siglo XVIII se inicia una verdadera carrera en la construcción y perfeccionamiento del cronómetro marino. Al comienzo sólo fueron fracasos ya que se intentaba fabricar un reloj marino utilizando para ello el péndulo como sistema. En 1720 la Academia de París vuelve a la carga con un premio para aquél que pueda “hallar el medio más perfecto de conservar en la mar la igualdad de movimiento de un péndulo”, algo realmente muy complejo.

Posteriormente aparecieron los primeros relojes con resorte en espiral, efectuándose las primeras pruebas con cierto éxito en un viaje de Portsmouth a Lisboa en 1736. A partir de allí, el cronómetro marino fue perfeccionado indefinidamente hasta los modernos y muy precisos relojes digitales que todos conocemos.

Cronómetro

Nadie dudaría hoy de la confiabilidad de un buen cronómetro, pero en aquel entonces, el reloj mecánico estaba visto como un objeto poco confiable y sujeto a muchas perturbaciones. Esa fue tal vez la razón por la cual, el método de las distancias lunares, continuó vigente tantos años después de inventado el cronómetro. El ocaso definitivo de las distancias lunares se produce cuando, en 1837 y casi por casualidad, el Capitán Thomas Hubbard Sumner realizó el descubrimiento de las rectas de altura, pero esa ya es historia para el próximo artículo.

Es bien cierto que, en la era de la navegación satelital, a pocos preocupa el no contar con un cronómetro preciso además de un buen sextante. Es posible, pero coincidirá conmigo el lector en que aquel que pueda disponer de más de un método de posicionamiento, navegará mucho más tranquilo. En tal sentido les dejo una frase que encontré y que me resultó muy interesante: “Por más útiles que sean actualmente estas máquinas y por más que se perfeccionen en lo sucesivo, es evidente que siempre quedarán sujetas al efecto de los accidentes extraños, y que los buenos principios de la construcción, nunca las liberarán de ciertas irregularidades en su movimiento. El cúmulo de estas irregularidades, con el tiempo, puede producir errores considerables; así, el uso de estos artefactos exige mucha prudencia, y nunca deberá considerarse ni emplearse como método único”.

¿Creyó que hablaba del GPS? Se equivoca. Este texto pertenece al “Tratado de Navegación”, publicado en 1787 por el Capitán Mendoza, y hacía alusión a los cronómetros marinos. Una interesante analogía con nuestros modernos navegadores satelitales. Pura coincidencia.

Darío G. Fernández
Director del ISNDF

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29/05/2024 by Instituto Superior de Navegación

Curso de Timonel: Primeros Auxilios II (clase 31)

Viene de: Curso de Timonel: Primeros Auxilios I (clase 30)

Mareo

El mareo o cinetosis es un trastorno muy común entre las personas que navegan y se origina a partir de las diferentes informaciones que recibe el cerebro desde los distintos sistemas receptivos. El oído percibe el movimiento de vaivén producto del oleaje. La vista, por su parte, no acusará dicho movimiento en el caso de estar concentrada en un punto fijo (el interior del barco, lectura, etc.). Esta diferencia de información llega al cerebro y el sistema nervioso central activa el centro de la náusea.

No existe una cura comprobada a este mal y solo se pueden conseguir algunos paliativos para las personas que lo sufren. A tal efecto se dan una serie de recomendaciones útiles a seguir antes y después del mareo. Antes de iniciar una travesía:

  1. Cenar o almorzar de manera liviana el día anterior.
  2. Descansar bien.
  3. No ingerir bebidas alcohólicas.
  4. Evitar las infusiones como té, café y mate.
  5. No desayunar en exceso pero hacerlo. No es conveniente salir con el estómago vacío.
  6. De padecer este mal, ingerir alguna de las drogas indicadas para contrarrestarlo: Dramamine (Dimenhidrinato), Aeromar (Escopolamina), etc.

Durante el viaje:

  1. No fumar.
  2. Tomar mucho aire puro, respirando lenta y profundamente.
  3. Permanecer en los lugares donde el barco se mueva menos y en lo posible siempre en cubierta.
  4. Evitar ingresar al interior de la cabina si no es absolutamente necesario.
  5. Mantener contacto visual permanente sobre el horizonte.
  6. No tratar de enfocar la vista (cartas náuticas, instrumentos, libros, etc.) y no utilizar largavistas.
  7. Mantener el estomago ni demasiado lleno ni demasiado vacío, ingiriendo alimentos que sean de fácil digestión.

Una vez mareado:

  1. Verificar los puntos anteriores y tratar de ver qué se puede corregir.
  2. Dedicarse a alguna tarea útil a bordo que no requiera concentración visual (timonear, llevar una escota, etc.)
  3. Si se producen vómitos, retirar los elementos de ortodoncia.
  4. Si el mareo persiste y se agrava: acostar al paciente en la cucheta, abrigarlo y procurar que duerma. Suministrar líquidos en cuanto se pueda.

Inhalaciones Tóxicas

Algunas de las causas que pueden provocar intoxicación o asfixia por inhalación de humos tóxicos son: incendios, monóxido de carbono emanado por combustión deficiente, escapes de gas natural, etc. Este tipo de envenenamiento induce un sueño lento que, de persistir, puede provocar la muerte.

Para tratar a una persona que ha sufrido una intoxicación por humo tóxico:

  1. Situarla en un lugar alejado de la zona de peligro, donde pueda respirar aire puro.
  2. Controlar las constantes vitales.
  3. Asegurar la permeabilidad de las vía aéreas.
  4. Si no respira, iniciar respiración artificial.
  5. Evaluar permanentemente manteniendo el calor corporal, hasta tanto pueda ser llevada a un centro asistencial.

Shock hipovolémico

El shock hipovolémico es un estado grave de trastorno circulatorio que ocasiona una disminución importante del riego sanguíneo en la periferia del cuerpo

Siempre que se produzca una herida grave, se corre el riesgo de que el paciente entre en shock. Los síntomas más característicos son: palidez, intranquilidad, baja presión, pulso débil y extremidades sudorosas o frías. Toda persona que esté inconsciente puede con frecuencia estar sufriendo un shock. Puede ocurrir también que el paciente esté conciente pero que no tenga la capacidad de responder.

El tratamiento que debe recibir una persona que entró en shock o que está en peligro de hacerlo consiste en:

  1. Suministrar oxígeno y mantener el cuerpo caliente.
  2. Suministrarle toda el agua que el paciente solicite.
  3. La posición más adecuada para estos casos es cabeza abajo, con la misma a una altura de 15 cm. debajo de los pies.
  4. Iniciar de ser preciso la reanimación cardiopulmonar (RCP).

Paro cardíaco

Si el corazón se detiene, no se detectará sonido en la auscultación, se habrá detenido la circulación de la sangre y no se percibirá pulso. La vida de una persona que sufre un paro cardíaco se extinguirá en minutos si no se actúa con rapidez.

Las causas que pueden producir un paro cardíaco son: lesiones, enfermedades, intoxicaciones, fuertes traumatismos en la zona precordial, aplastamiento de la caja torácica, shock eléctrico, etc. El único tratamiento posible frente a un paro cardíaco consiste en aplicar la reani-mación cardiopulmonar (RCP)

Reanimación cardiopulmonar (RCP)

La reanimación es un conjunto de maniobras que se realizan para asegurar el aporte de sangre oxigenada al cerebro cuando fallan los mecanismos naturales. Estas maniobras deben ser llevadas a cabo si se detecta la ausencia de una constante vital como el pulso, la respiración o ambas juntas. Este conjunto de maniobras debe ejecutarse de manera ordenada y rápida, a la vez que debe chequearse perfectamente que la persona a la que se le va a aplicar la reanimación, no respire o no tenga pulso. Aplicarle RCP a un paciente que tiene pulso o respira podría resultar fatal, acarreándole lesiones internas severas e incluso la muerte.

Es importante en primera instancia valorar el estado de conciencia de la víctima, para lo cual preguntaremos si nos escucha y cómo se encuentra. Puede acompañarse el procedimiento sacudiéndole los hombros o pellizcándola. Si la víctima no responde, se procederá a chequear su respiración y su pulso. Para lo primero se acercará un lateral de la cara a la boca y nariz de la víctima, procurando oír o sentir en la mejilla si el individuo respira. Desde esta posición es a su vez más sencillo detectar si hay movimiento respiratorio de tórax y abdomen. Para lo segundo, se intentará localizar el pulso en cualquiera de las arterias carótidas situadas en el cuello, a ambos lados de la nuez. Para ello se utilizarán dos o tres dedos descartando el pulgar, ya que este tiene pulso propio.

Para iniciar un RCP deberá prepararse a la víctima colocándose a la altura de los hombros, quitando del pecho la ropa y objetos que pudieran molestar para la maniobra (collares, cadenitas, etc.). Se colocará al paciente acostado sobre un plano duro, boca arriba y con los brazos a los costados del cuerpo.

Respiración artificial

Una vez comprobada la falta de respiración de la víctima, se colocará una mano en su frente, la que empujará hacia abajo, y otra en su nuca, que empujará hacia arriba a fin de estirar el cuello, elevando la mandíbula. Esta maniobra conocida como hiperextensión se utiliza para estirar la base de la lengua y facilitar el ingreso de aire en los pulmones del paciente. Una vez hecho esto se efectuarán dos insuflaciones de aire seguidas, pegando los labios herméticamente a la boca de la víc- tima y obstruyendo la nariz con los dedos índice y pulgar de la mano ubicada en la frente. No retirar nunca la mano de la nuca salvo en caso que sea preciso abrir la boca del paciente.

Al insuflar aire se deberá chequear que se eleve el tórax y no el abdomen del paciente. De suceder esto último, el aire insuflado estará yendo al estómago en lugar de a los pulmones. En este caso se deberá corregir la postura del accidentado. Una vez efectuadas las dos insuflaciones, se chequeará el pulso. Si este existiese, se continuará con la respiración artificial a ritmo de 1 insuflación cada 5 segundos. Si la víctima carece de pulso, se comenzará con el masaje cardíaco externo.

Masaje cardíaco externo

Consiste en comprimir el corazón entre el pecho y la columna vertebral, cargando el propio peso sobre el tercio inferior del esternón de la víctima. Este punto se ubica aproximadamente unos dos o tres dedos por encima de donde comienza el esternón sobre el sector medio del pecho del paciente. Esta es la zona donde se realizarán las compresiones, la cual deberá quedar completamente desnuda y libre de sujetadores, cadenas, etc.

La maniobra consiste en colocar el talón de una mano sobre la zona de compresión y sobre la primera, la segunda mano con los dedos entrelazados, los brazos rectos y perpendiculares al pecho de la víctima. Una vez hecho esto, se dejará caer el peso propio con el fin de hacer descender el tórax unos centímetros. Las compresiones deberán ser secas y rítmicas, contando 15 de ellas seguidas, luego de las cuales se volverán a dar dos insuflaciones rápidas y de nuevo 15 masajes externos.

Cada conjunto de 2 insuflaciones y 15 masajes se denomina “ciclo de reanimación con un socorrista”. Si los reanimadores son dos, el ciclo será de 1 insuflación y 5 masajes. Una “secuencia” es el conjunto de 4 ciclos completos de reanimación. Al final de 1 secuencia, se verificará si el pulso se ha hecho presente. Si el pulso retorna, se valorará la respiración como se ha descrito anteriormente.

Botiquín de primeros auxilios

A modo de ejemplo, se detalla el contenido de un botiquín completo de primeros auxilios para una embarcación que realiza navegaciones oceánicas, con una tripulación de 6 miembros:

  • 8 vendas triangulares de 9 x 13 cm.
  • 2 vendas elésticas de 10 cm. de ancho.
  • 2 vendas comunes de 10 cm. de ancho.
  • Alfileres de gancho.
  • 1 lata de gasa.
  • Tela adhesiva común de 1 cm. de ancho.
  • 1 termómetro.
  • 1 paquete de algodón.
  • Apósitos protectores.

Medicamentos:

  • Analgésico potente: Tramadol.
    Dosis: 50 mg. cada 4 a 6 horas.
  • Analgésico común: Paracetamol.
    Dosis: 1 a 2 comprimidos cada 4 a 6 horas.
  • Antiespasmódico: Buscapina, gotas.
    Dosis: 30 a 40 gotas cada 6 horas.
  • Antibacterianos: Amoxilina, comprimidos 1 g.
    Dosis: 1 comp. cada 8 horas.
  • Hipertensores: Effortil, gotas.
    Dosis: 15 gotas cada 4 horas o según respuesta.
  • Antiácidos: Aludrox, jarabe.
    Dosis: 2 cucharadas en cada comida.
  • Antialérgico: Loratadina, comp. 10 mg.
    Dosis: 1 comp. cada 24 horas.
  • Evacuante intestinal: Cáscara sagrada, comprimidos.
    Dosis: 1 a 2 comp. por día.
  • Antidiarreico: Estreptocarbocaftiazol, comprimidos.
    Dosis: 1 comp. cada 4 a 6 horas.
  • Anticinetósico: Dramamine, comprimidos.
    Dosis: 1 comp. 1 hora antes de iniciar el viaje.
  • Antiséptico: Pervinox (solución, jabón).
    Tranquilizante: Octanil, comprimidos 3 mg.
    Dosis: 1 comp. cada 12 horas.

Este extenso capítulo sobre seguridad, nos da una pauta bastante completa sobre todas las cosas que podrían evitarse actuando con la debida prevención. Nuestro próximo capítulo estará centrado en el conjunto de leyes que regulan la navegación por ríos, lagos y mares. Conocerlos en su conjunto y comprenderlos en profundidad, es también una forma de prevenir accidentes y de contribuir a la seguridad.

Continua en: Curso de Timonel: Tratado del Río de la Plata y su frente marítimo (clase 32).

Darío G. Fernández
Director del ISNDF

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29/05/2024 by Instituto Superior de Navegación

Curso de Timonel: Primeros Auxilios I (clase 30)

Viene de: Curso de Timonel: supervivencia en el mar (clase 29).

Es condición primordial de todo barco que realice navegaciones más o menos prolongadas, el llevar a bordo un completo botiquín de primeros auxilios. Debe además su tripulación poseer los conocimientos básicos necesarios para brindar al accidentado o enfermo las primeras atenciones, a fin de facilitar el posterior tratamiento médico.

En caso de que la tripulación se prepare para alguna competencia exigente o se presuma que puede permanecerse en navegación por un lapso prolongado de tiempo, es preciso tomar una serie de recaudos aún mayores. Cada miembro de la tripulación debería hacerse un chequeo médico completo a efectos de que el capitán cuente con la historia clínica de cada uno de sus tripulantes. Sería conveniente además que les sea suministrada una dosis de suero antitetánico, dado que la mayoría de los accidentes se deben a traumatismos.

Otra cuestión a tener en cuenta es la de alertar a la persona a cargo acerca de afecciones crónicas y enfermedades que requieran tratamiento y especial atención. En estos casos, el que las posea, debería entregarle al capitán la medicación a suministrar de ocurrir un incidente, además de las instrucciones para hacerlo correctamente.

Normas básicas para actuar en caso de accidente:

Debe comprobarse en primer lugar si el accidentado sufre de hemorragia. De ser así, tomar los recaudos necesarios para detenerla.

  1. Si el herido no respira, deberá iniciarse inmediatamente la respiración artificial. Si carece de pulso, habrá de practicarse reanimación.
  2. Realizar un exhaustivo examen ocular evitando mover al paciente más de lo necesario y hacer una evaluación general del tratamiento más conveniente a aplicar.
  3. Si se tratase de una herida leve, se atenderá procurando que el accidentado retome su rutina.
  4. Si la herida fuese grave, se tratará con sumo cuidado y se abrigará al paciente. Debe evitarse por todos los medios que éste entre en shock.
  5. Si la situación comienza a complicarse, debe darse aviso a la Prefectura Naval Argentina.

Heridas

Las heridas pueden clasificarse en leves y graves. Si el paciente sufre una herida leve, se procederá de la siguiente manera:

  1. Detener la hemorragia.
  2. Limpiar la herida con algún antiséptico o con agua y jabón, tanto en el centro como en la periferia.
  3. Si la separación de los bordes es importante, la herida debería ser suturada por un facultativo. De no ser así, pincelar con algún antiséptico y dejar al aire libre. En caso de que sangre, colocar un vendaje.

Si la herida sufrida es de consideración:

  1. Efectuar la evaluación inicial procurando no mover demasiado al paciente.
  2. Controlar la hemorragia y prevenir el shock hipovolémico.
  3. Cubrir la herida con un paño estéril.
  4. Solo en caso de ser necesario para detener la hemorragia, aplicar un torniquete.

El torniquete es una maniobra destinada a detener una hemorragia aguda que no puede ser contenida por los medios convencionales, mediante la compresión de los vasos sanguíneos de la zona circular próxima. Es preciso tener en cuenta que si bien el torniquete es una maniobra útil para detener hemorragias sólo en casos extremos (amputaciones, aplastamientos severos, heridas de consideración, etc.), llevarla a cabo implica asumir serios riesgos.

Contusiones

Son lesiones que se producen por golpes o caídas, sin romper la piel, y pueden causar magulladuras o aplastamientos y ocultar graves lesiones internas.

Primeros auxilios para tratar contusiones:

1) Inmovilizar la zona y elevarla.
2) Aplicar frío local (hielo).
3) No pinchar los hematomas.
4) Chequear con personal médico en cuanto sea posible.

Quemaduras

Las quemaduras son lesiones producidas por el calor en cualquiera de sus formas. Se clasifican según su profundidad en tres grados:

  • Quemaduras de primer grado: Consiste en el enrojecimiento de la piel y afecta solo a la epidermis.
  • Quemaduras de segundo grado: Afectan tanto a la epidermis como a la dermis. En este caso aparecen ampollas que contienen plasma en su interior.
  • Quemaduras de tercer grado: Afectan a epidermis, dermis e hipodermis. Podrían también afectar a vasos sanguíneos, músculos y terminaciones nerviosas. Se caracterizan por una “escara” de color negruzco y no producen dolor, debido a la destrucción de las terminaciones nerviosas.

El procedimiento a emplear para tratar quemaduras es el siguiente:

  1. Enfriar la quemadura inmediatamente poniendo la zona afectada bajo un chorro de agua fría, como mínimo durante 10 minutos.
  2. Cubrir la zona con apósitos estériles o “muy limpios” y humedecidos.
  3. No aplicar cremas o pomadas.
  4. No quitar la ropa, sobre todo si está adherida a la piel. Solo se hará en caso de que esté ardiendo o impregnada de productos cáusticos.
  5. No pinchar las ampollas.
  6. Si la persona está ardiendo, impedir que corra. Arrojarla al suelo y cubrirla con mantas.
  7. Si la quemadura es grave, prevenir el shock.

Congelamiento

El congelamiento es el paso siguiente a la hipotermia, que consiste en la disminución de la temperatura corporal por exposición prolongada a la baja temperatura ambiente. Los síntomas que presenta una persona helada son: Entumecimiento de los miembros, somnolencia, pérdida de visión, tambaleo, aturdimiento o semiinconsciencia. Si el proceso de congelación progresa, es probable que la piel se vuelva de color blanco o gris amarillento.

Los pasos a seguir para tratar la hipotermia o congelamiento son:

  1. No realizar fricciones. Las zonas afectadas se vuelven muy frágiles.
  2. Cubrir con mantas y ropa de abrigo.
  3. No aplicar bolsas de agua caliente o compresas calientes. No colocar cerca de una estufa o artefacto similar. El calor excesivo aumenta el daño de los tejidos por vasodilatación.
  4. Suministrar bebidas calientes muy azucaradas.
  5. No dar bebidas alcohólicas.
  6. Cuando haya entrado en calor, inducir a que la víctima haga ejercicios con los miembros afectados.

Fracturas

Consiste en la pérdida de la continuidad en el hueso y, según su gravedad, pueden clasificarse en cerradas o expuestas. En una fractura cerrada la piel permanece intacta mientras que en una fractura expuesta se produce la rotura de la misma. En este último caso existe un alto riesgo de infección dado que se forma una herida próxima al foco de la fractura, pudiendo el aire ponerse en contacto con el hueso quebrado.

Los síntomas que presenta una fractura son: dolor que aumenta al movilizar la zona, deformidad (desdibujo, acortamiento, etc.), inflamación, amoratamiento e impotencia funcional absoluta. Las complicaciones a tener en cuenta con este tipo de lesiones son: posibilidad de lesión en las partes blandas adyacentes (vasos, nervios, etc.), hemorragias internas (en caso de fracturas cerradas) e infecciones (en caso de fracturas expuestas).

Los primeros auxilios a suministrar a una persona fracturada son:

  1. No mover al afectado salvo que sea absolutamente necesario.
  2. Retirar anillos, pulseras y relojes, en caso de afectar las extremidades superiores.
  3. Inmovilizar el foco de la fractura sin intentar reducirla, utilizando férulas o elementos similares. Evitar en esta maniobra los movimientos bruscos.
  4. En caso de fractura expuesta, cubrir la herida con apósitos estériles y detener la hemorragia.
  5. En cuanto sea posible, trasladar a la víctima a un centro sanitario con la extremidad afectada elevada e inmovilizada.

Continua en: Curso de Timonel: Primeros Auxilios II (clase 31).

Darío G. Fernández
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29/05/2024 by Instituto Superior de Navegación

Curso de Timonel: supervivencia en el mar (clase 29)

Viene de: Curso de Timonel: Radiocomunicaciones (clase 28).

La decisión de abandonar el barco ha de ser reflexionada detenidamente y debe tomarse solo como último recurso. De hecho, a no ser que el barco se hunda irremediablemente, siempre es más seguro permanecer en él antes que abordar la balsa salvavidas. En todos los casos, debe primar siempre el sentido común y todas las acciones deben estar dirigidas a la salvaguarda de la vida humana.

Salvaguarda de la vida humana

El capitán al mando de una embarcación será el encargado de tomar la decisión de abandonar el buque, así como de distribuir las tareas que ejecutará el resto de la tripulación. Para ello, tendrá en cuenta los tres pasos de la supervivencia, que son:

  1. Salvar la vida: En caso de accidente grave (incendio no controlado o hundimiento) debe dar la orden de abandonar el barco y abordar la balsa salvavidas lo más rápido posible.
  2. Dar aviso del naufragio: Se tomarán todas las medidas necesarias para hacer señales (bengalas, humo, etc.) que faciliten la búsqueda. De ser posible, antes de abandonar el buque deberá darse aviso del siniestro, informando debidamente la posición.
  3. Procurar la subsistencia

Deberán procurarse los medios para permanecer con suficiente abrigo y alimentos, a fin de mantenerse con vida hasta ser rescatados. Convendrá estimar siempre un período de tiempo mayor del que se presume, haciendo cálculos siempre pesimistas en referencia al rescate.

Una vez que se iniciaron las acciones tendientes a llevar a cabo con éxito los tres pasos citados anteriormente, se procederá a dar los primeros auxilios a las personas heridas, en caso de que las hubiese. Deberá prestarse especial atención al inventario de los elementos a recoger al momento de abandonar la embarcación, incluyendo principalmente alimentos y abrigo.

Dispositivos Salvavidas

Existe una serie de elementos de los que puede disponerse a bordo de una embarcación de placer y dependerá a su vez del tipo de navegación que se lleve a cabo. Los elementos más comunes son: balsas salvavidas, chalecos y salvavidas circulares, pudiendo utilizarse, a falta de todos ellos, planchas de madera y todo elemento capaz de flotar.

El bote salvavidas que se lleve a bordo debe necesariamente estar autorizado por la autoridad marítima de la zona, acorde al tipo de navegación que se vaya a realizar, aunque solo es obligatorio su uso en navegaciones oceánicas. Debe a su vez tener la capacidad suficiente como para contener a todos los miembros de la tripulación. Este tipo de balsas suelen estibarse en un bolso o en un contenedor rígido y llevan en su interior el equipo de supervivencia completo (palamenta), no obstante, considere que no será suficiente.

Bote salvavidas

Los equipos de supervivencia deben contener:

  • Víveres y agua suficientes para cada tripulante.
  • Equipo de pesca e instrucciones para pescar.
  • Cuchillo y achicador.
  • Ancla de capa.
  • Remos.
  • Botiquín de primeros auxilios.
  • Linterna y pilas.
  • Espejo para señales y silbato.
  • Todos los elementos de pirotecnia vistos en la clase de señales visuales y señales acústicas.
  • Pastillas desalinizadoras para agua salada.
  • Manual de supervivencia.

Recomendaciones para el uso de la balsa salvavidas:

  1. Es importante el uso del ancla de capa en los botes salvavidas ya que no sólo actúa como freno evitando el riesgo de vuelcos, sino que mantiene a la embarcación durante un período más prolongado cerca de la zona del naufragio. Esto facilitará la búsqueda.
  2. Se debe tener cuidado de no dañar la balsa, especialmente con anzuelos, cuchillos, etc.
  3. Con mal tiempo, mantener la misma cerrada con todos los tripulantes sentados en su centro.
  4. Mantener una guardia que vigile en todo momento la posibilidad de ser rescatado.

A falta de balsas salvavidas, existen otros elementos de uso individual tales como chalecos salvavidas que permiten que el náufrago flote en el agua con la cabeza fuera. Estos deben estar provistos de un silbato que permita emitir sonidos a efectos de pedir auxilio. A continuación mostramos un clásico chaleco salvavidas de los que se utilizan para la práctica de deportes náuticos. Debe tenerse en cuenta al momento de comprarlos que los mismos deben estar aprobados por la Prefectura Naval Argentina.

Chaleco Salvavidas

Existen además chalecos salvavidas autoinflables que operan por contacto con el agua. Son de suma utilidad en el caso de que un tripulante caiga al agua en estado de inconsciencia. Algunos, como el que se muestra a continuación, traen incorporado el arnés de seguridad.

Chaleco salvavidas autoinflable

Los chalecos salvavidas aprobados por la Prefectura vienen, además, provistos de cintas que permiten amararlos por debajo de las piernas, con el objeto de evitar que se salgan al caer al agua. La forma de colocarlos es la siguiente:

Cómo ajustar el chaleco salvavidas

  1. Se coloca el salvavidas introduciéndolo por la cabeza y se pasan las cintas por entre las piernas.
  2. Se pasan las cintas por los ojales ubicados a los costados del chaleco y se atan con firmeza.
  3. Se atan las cintas que se encuentran al frente.

Otro elemento que puede brindar relativa sustentación en el agua es el clásico salvavidas circular, que puede soportar hasta dos personas a flote.

Salvavidas circular

El salvavidas circular debe encontrarse unido a un elemento de seguridad, denominado “boya de autoencendido” por medio de un cabo flotante de color naranja. Cuando dicha boya cae al agua, ésta adopta la posición vertical y un dispositivo mecánico produce el encendido de la misma. La función de la boya de autoencendido es la de facilitar al náufrago la búsqueda nocturna del salvavidas.

Boya de autoencendido

Cabe destacar que los salvavidas circulares no son aptos para preservar la vida por mucho tiempo, dependiendo fundamentalmente de la resistencia física del náufrago y de la temperatura del agua. Por esa razón, de emprender travesías de envergadura, se hace imperiosa la necesidad de contar con una balsa salvavidas reglamentaria.

Las recomendaciones a tener en cuenta, si se debe utilizar un chaleco salvavidas, son las siguientes:

  • Utilizar en lo posible ropa de neoprene o similar. De no contar con esa posibilidad, llevar el mayor abrigo posible.
  • Adoptar la posición fetal aumenta las posibilidades de supervivencia ya que preserva el calor corporal.
  • Usar gorro, debido a que por la cabeza se pierde el 40 % de la temperatura del cuerpo.
  • Llevar puesto calzado liviano. No quitarse los zapatos.
  • No intentar nadar de no estar seguros de llegar a destino. Flotar en el lugar nos mantiene cerca de la zona del naufragio y preserva las energías del cuerpo.
  • Tener el silbato en la boca para hacerlo sonar en caso de divisar una embarcación.

Supervivencia

Uno de los elementos fundamentales a tener en cuenta para la supervivencia es la de conservar por el mayor tiempo posible el calor corporal. Al momento de abandonar un barco, debe llevarse puesta abundante cantidad de ropa interior, varios pares de medias, así como gorro y guantes. Antes de abandonar la embarcación, y siempre que la situación lo permita, sería aconsejable beber té o café calientes, además de estimular siempre la circulación con movimientos suaves de piernas y brazos.

De comprobar que alguno de los miembros del cuerpo sufre principio de congelamiento, no se debe frotar la zona ya que causaría mayor daño. Intentar calentar bajo las axilas propias o de algún compañero, o con movimientos de piernas y pies en forma periódica. Si se naufraga en una zona cálida, el peligro a tener en cuenta es la exposición al sol y al agua salada. Utilizar ropa fresca en todo momento. Los dos problemas principales a tener en cuenta si se naufraga por un período prolongado son las raciones de agua y alimentos.

Continua en: Curso de Timonel: Primeros Auxilios I (clase 30).

Darío G. Fernández
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