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30/05/2024 by Instituto Superior de Navegación

Remolque (Clase 22)

Viene de: Control de averías (clase 21).

En alguna de las situaciones anteriores, tal vez sea preciso que la embarcación que sufrió la avería sea remolcada hasta un puerto próximo. La maniobra de remolque, sobre todo con oleaje, no es tan sencilla como parece y deben tenerse en cuenta algunas cuestiones importantes para evitar daños mayores. Es preciso destacar que la legislación vigente en la materia permite al remolcador cobrar por sus servicios, por lo que sería prudente aclarar dichas cuestiones de antemano.

Las dos formas más usuales de llevar a cabo un remolque en embarcaciones deportivas son: remolque por largo y remolque abarloado.

Remolque por largo

Remolque por largo

Este método se utiliza cuando es preciso remolcar una embarcación en un trayecto prolongado a mar abierto. La razón fundamental es que, de este modo, se evita que las bandas de ambos barcos se dañen entre sí a causa del oleaje. Debido a que el barco remolcado “retiene” la popa del remolcador, este último pierde maniobrabilidad. Es por esta razón que se hace inconveniente contar con dicho método cuando se necesita maniobrar en espacios pequeños.

El barco que remolca será el encargado de suministrar el cabo al barco remolcado, ya que de este modo la tarea se hace más sencilla. Deberá utilizarse un cabo sumamente resistente, puesto que se verá expuesto a violentos tirones. El mismo, además, tendrá que ser lo más largo posible (3 a 4 esloras como mínimo), a fin de evitar que el barco remolcado pueda golpear contra la popa del remolcador. Cuanto más largo sea el cabo, menos bruscos serán los tirones ya que tendrá mayor flexibilidad. Para disminuir la violencia de los tirones también puede colocarse un neumático en el medio del cabo de remolque o bien puede ubicarse algún tipo de lastre en el centro.

Otra manera de evitar los tirones consiste en hacer que, tanto el remolcador como el remolcado, maniobren correctamente intentando que el cabo se mantenga tenso permanentemente. Incluso es conveniente que la longitud de dicho cabo sea igual al período de la ola, de este modo ambas embarcaciones se encontrarán simultáneamente en la cresta o en el seno. El barco que está siendo remolcado deberá seguir en todo momento la estela del remolcador, evitando así adelantarse al cortar por el trayecto más corto. De este modo se impedirá que el cabo se afloje y se tense violentamente.

Remolque abarloado

Se utiliza este tipo de remolque cuando es necesario trasladar una embarcación en el interior de un puerto o en aguas tranquilas y cuando además es preciso maniobrar en lugares pequeños. En este caso el barco remolcado (el de la izquierda en la figura) nada tendrá que hacer, salvo permanecer con el timón “a la vía”. Es imprescindible interponer defensas entre las bandas de ambos barcos para evitar que estas se dañen.

Remolque abarloado

Continua en: Incendios (clase 23).

Darío G. Fernández
Director del ISNDF

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30/05/2024 by Instituto Superior de Navegación

Control de Averías (Clase 21)

Viene de: Amarrar el barco a una boya o a otra embarcación (clase 20).

Desde el momento en que un barco sale a navegar, y aún amarrado, se encuentra expuesto a sufrir algún tipo de avería (ya sea por abordajes, temporales, varaduras, etc.). Será función primordial del capitán evitar a cualquier precio que estas se produzcan; aunque una vez consumado el hecho, será necesario obrar adecuadamente dependiendo del tipo de avería producida.

Se entiende como avería cualquier imprevisto o accidente que perturbe el normal funcionamiento de la embarcación, afectando directamente algunas de sus propiedades principales (estanqueidad, estabilidad, navegabilidad, flotabilidad, etc.). Es posible incluso que un accidente pueda hacer peligrar más de una de las condiciones antes mencionadas. Por ejemplo, si en una colisión se avería el casco y el timón, el buque perderá su estanqueidad y su navegabilidad (gobierno).

Por todas estas razones es preciso evaluar convenientemente las causas y el tipo de avería, la situación en la que se encuentra el barco en cuanto a su estanqueidad, gobierno, propulsión, estabilidad, así como también las condiciones externas (fenómenos climáticos, fondo, profundidad, etc.).

Averías en el casco

Cuando se produce un abordaje con otra embarcación o bien cuando se colisiona contra algún objeto sumergido (rocas, barcos hundidos, etc.), se corre serio riesgo de sufrir una avería en el casco o “rumbo” que, de resultar de importancia, puede poner en peligro incluso la flotabilidad del barco.

Es primordial en estos casos detectar la vía de agua en forma rápida, ya que será más dificultosa la tarea de detección cuanto mayor sea el nivel de agua dentro de la embarcación. Por otra parte, debemos tener en cuenta que de inundarse en demasía podrían alterarse los sistemas eléctricos, dejando así fuera de servicio a las bombas de achique.

Es preciso además que, inmediatamente, luego de producida la colisión, se comience a inspeccionar en detalle la embarcación. De comprobarse la existencia de algún rumbo en el casco, parte de la tripulación se abocará a la tarea de obturar la vía de agua mientras que el resto comenzará con las tareas de achique. Cabe aclarar que además de poner a funcionar las bombas eléctricas, debería complementarse dicha tarea con cubos de agua y bombas manuales. Alguien dijo en tal sentido que “no hay mejor achicador que un buen balde y una tripulación asustada”.

Una forma sencilla de taponar pequeños orificios o grietas en el casco es colocando tarugos o cuñas de madera a presión. Es preciso destacar la importancia de llevar estos elementos a bordo, así como trozos de madera blanda, ya que la misma se hincha al absorber agua facilitando la obstrucción. Los tarugos o cuñas pueden envolverse en trapos antes de ser introducidos en los orificios, logrando así un cierre aún mejor.

Tapar orificios de embarcaciones

Una vez completada la tarea de taponar el agujero con cuñas, pueden rellenarse los resquicios con trapos o estopa. Sería conveniente además, una vez completado el proceso anterior, colocar una plancha de goma o bien una colchoneta, la que puede ser sólidamente fijada con una tabla y un puntal improvisado. Es importante señalar que la presión ejercida por el agua será mayor cuanto más sumergida se halle la abertura, de ahí que un rumbo abierto en el fondo de la embarcación será más difícil de obturar que uno que se encuentra cerca de la línea de flotación. En este último caso, bastará con escorar el barco lo suficiente como para evitar el ingreso de agua hasta haber concluido con la tarea de sellado. Si bien los rumbos en la obra muerta conllevan menor riesgo, los mismos no deberán minimizarse.

Esto se debe a que, de empeorar las condiciones climáticas, los rolidos del barco y las olas pueden introducir una cantidad de agua suficiente como para hacer peligrar la flotabilidad del barco. Y es por esta razón que deberán ser tratados con la celeridad necesaria.

En caso de que el rumbo producido tenga forma de “grieta” o que sus bordes sean muy irregulares, no es conveniente taparlos clavando cuñas debido a que podrían agrandarse. En tal caso será más conveniente “redondear” sus extremos con una mecha o lima, a fin de que la fisura no se extienda.

Orificios practicados

Cuando el orificio producto de la colisión es de dimensiones mayores, la tarea se dificulta. En principio ya no serán de utilidad cuñas o tarugos y deberá pensarse en elementos de mayor superficie para practicar la obturación. Puede ser de utilidad a tal efecto una colchoneta enrollada e introducida dentro del orificio, fijada convenientemente con tablas y puntales.

De ser magro el resultado obtenido, puede practicarse una obturación pasando una lona por la parte exterior del casco y fijándola convenientemente en las regalas de ambas bandas. La presión del agua se encargará de mantener la lona pegada al casco y detendrá en gran medida la filtración al interior.

Obturación averías barco

De más está decir que no existe una receta general para todos los casos y que deberá primar siempre el sentido común a fin de resolver cada uno en particular. Llegado el punto en que la gravedad de la situación sea tal que se encuentre en duda la flotabilidad del barco, la tripulación deberá prepararse para un eventual abandono, teniendo en cuenta que esto será llevado a cabo solo en última instancia.

Averías en el timón

Varias son las averías que pueden sufrirse en el timón: daños en la caña o en la rueda, rotura de la mecha (eje que une la caña con la pala del timón), pérdida de la pala, etc., todas éstas graves si se tiene en cuenta que afectan directamente el gobierno de la embarcación.

En el caso de la caña, la situación puede resolverse de manera más o menos sencilla, improvisando una nueva con algún remo o algo similar. Los barcos con timón de rueda tienen alguna complicación adicional, ya que la transmisión a la pala no se hace en forma directa sino a través de guardines y poleas. Sería aconsejable, en el caso de que compremos un barco con timón de rueda, solicitar al fabricante la posibilidad de contar con una caña de fortuna, la que se acoplará inmediatamente a la mecha en caso de averías en el sistema de transmisión.

Cuando la avería se produce en la mecha, la situación puede resolverse realizando una perforación en la parte posterior de la pala, por donde puede fácilmente pasarse un cabo hacia ambas bandas. De este modo se gobernará fácilmente cazando y filando ambos cabos alternativamente. Esta perforación puede ser efectuada previamente a modo de prevención.

Averías en el timón

La situación más complicada se dará cuando se produce la pérdida de la pala del timón, en cuyo caso nos veremos obligados a improvisar un timón de fortuna. El éxito o fracaso dependerá en gran medida de la habilidad que posean los tripulantes a la hora de trabajar con herramientas.

La manera más práctica de llevar a cabo la tarea es utilizar un tablón de madera a modo de pala, unido a algún listón que se pueda encontrar en el barco (remo, bichero, etc.). Este último se sujetará firmemente en algún herraje a popa del barco. La parte inferior de la pala puede afirmarse haciendo pasar un cabo por la limera (cavidad por donde pasa la mecha).

Para el gobierno de la embarcación, se utilizará el aparejo explicado en el párrafo anterior, con dos cabos bien trincados (uno a cada banda). Es preciso destacar la necesidad de continuar la navegación con velocidad reducida a fin de minimizar al máximo los esfuerzos del timón de fortuna.

Arreglar averías en el timón

Continua en: Remolque (clase 22).

Darío G. Fernández
Director del ISNDF

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30/05/2024 by Instituto Superior de Navegación

Amarrar el barco a una boya o a otra embarcación (Clase 20)

Viene de: Amarrar el barco de costado, por proa o por popa (clase 19).

Tomar una boya

La maniobra de tomarse a una boya o ponerse “al borneo” es la más sencilla y segura de todas. Para ello basta con aproximarse a la boya en cuestión y pasar el cabo de amarre por el anillo que ésta posee sobre la parte superior.

Amarre: tomar a una boya

Cuando se piensa permanecer en dicha condición por mucho tiempo, es recomendable pasar un cabo adicional por uno de los eslabones de la cadena que sujeta la boya al fondo. De esta manera, de soltarse dicha boya, la embarcación permanecerá sujeta a la cadena.

La única desventaja apreciable de este procedimiento de atraque es la incomodidad para subir a bordo, ya que se depende exclusivamente del bote auxiliar. Una desventaja adicional reside en la imposibilidad de recibir suministro eléctrico en esta condición.

Abarloarse a otra embarcación

Es frecuente en puertos muy concurridos ver a una o más embarcaciones “abarloadas”. Esta maniobra debe hacerse con sumo cuidado y teniendo respeto por el vecino, dado que estamos utilizando como amarradero nada menos que a su propio barco. De más está decir que debe previamente solicitarse su autorización. Cuando la embarcación a la que pretendemos abarloarnos se encuentra al borneo, la maniobra resulta sumamente sencilla. El procedimiento es casi idéntico al anterior en cuanto a la manera de tomar la boya y sólo será necesario, como elemento adicional, que ambas popas se encuentren amarradas entre sí. De esta manera se evita que las bordas se golpeen repetidamente al separarse y volver a acercarse las embarcaciones. Como en todos los casos, debe colocarse una buena cantidad de defensas entre ambos barcos.

Si la opción es abarloarse a un barco amarrado a muelle, el método correcto sería utilizar dos través y dos springs, como se ilustra en el siguiente gráfico. Es importante que el barco al que nos abarloamos refuerce sus propias amarras ya que éstas deberán soportar un esfuerzo extra.

Abarloarse a otra embarcación

Continua en: Control de averías (clase 21).

Darío G. Fernández
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30/05/2024 by Instituto Superior de Navegación

Amarrar el barco de costado, por proa o por popa (Clase 19)

Viene de: Línea de fondeo y elección del fondadero (clase 18).

En los puertos deportivos se pueden presentar un sinnúmero de posibilidades a la hora de atracar una embarcación, para lo cual siempre será conveniente tener referencias ciertas de las características del lugar al que se llega, a fin de tener preparada convenientemente la maniobra de amarre. Es muy frecuente ver cómo, en estos puertos, algunos barcos golpean contra sus vecinos o contra el muelle porque su tripulación no dispuso con la suficiente antelación la maniobra adecuada. Los cabos que se utilizan para amarrar el barco reciben diferentes nombres según como se los disponga: Largo, Spring y Través.

Largo, spring y través

Recordemos además que el material con que deberían estar construidos estos cabos tendría que ser lo suficientemente elástico como para evitar que los tirones bruscos que se producen en el puerto puedan dañar los herrajes de cubierta (cornamusas, portaespías, etc.)

Varias son las formas de atraque posibles en función de la distribución de las instalaciones del puerto al que se accede. Veamos algunas de ellas:

  1. Amarrarse de costado.
  2. Amarrarse de proa o popa.
  3. Tomar una boya.
  4. Abarloarse a otra embarcación.

Amarrarse de costado

Si bien es cierto que cuanta mayor cantidad de cabos dispongamos para amarrar nuestro barco, más segura será su fijación, convengamos que con pocos cabos bien dispuestos también quedará perfectamente firme. No deberá olvidarse la colocación de suficientes defensas para evitar que se dañe la pintura de la banda próxima al muelle. Algunos ejemplos se ilustran en el esquema de la siguiente figura. En caso de tomar amarras en un puerto al que no estamos habituados a concurrir, es conveniente prestar atención a las indicaciones de los amarristas del lugar, en cuanto a la disposición de los cabos y a cualquier otra recomendación de interés.

Amarrar la embarcación de costado

Amarrarse por proa o por popa

Esta es una modalidad muy utilizada en la mayoría de los puertos deportivos con excesiva concurrencia de barcos, debido a que el espacio que se ocupa es ciertamente menor que si se atraca de costado. En el caso de atracar por la proa es preciso fijar la popa de algún modo, para lo cual muchos puertos cuentan con boyas fondeadas a tal fin. De no existir dichas boyas, debe entonces soltarse un ancla por popa.

Amarre con fondeo o con boya

La misma maniobra puede llevarse a cabo de popa al muelle, teniendo siempre la precaución de informarse previamente de los obstáculos que pueda haber sumergidos junto a éste. Cuando se trata de muelles construidos sobre escolleras de piedras, esta última maniobra no es recomendable ya que, de bajar la marea indefectiblemente dañaríamos partes importantes y que intervienen directamente en el gobierno del barco (timón, pata, hélice, etc.).

Para llevar a cabo la maniobra de atraque por proa con éxito, sobretodo en un puerto muy concurrido, es importante que la misma se haga en forma precisa para evitar de este modo golpear a los barcos vecinos. Para ello es conveniente tomar la boya o largar el fondeo a medida que se va ingresando de proa al muelle. De esta forma, el tripulante a cargo de esta maniobra, irá filando cabo lentamente, evitando de este modo que la popa se desplace lateralmente. Inmediatamente debe hacerse firme la proa distribuyendo sendos “largos” hacia el muelle.

Continua en: Amarrar el barco a una boya o a otra embarcación (clase 20).

Darío G. Fernández
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30/05/2024 by Instituto Superior de Navegación

Línea de fondeo y elección del fondadero (Clase 18)

Viene de: El ancla: sus tipos y partes (clase 17).

El material a emplear en la línea de fondeo dependerá, fundamentalmente, del lugar que dispongamos a bordo para su estiba. Como se verá a continuación, sería mucho más apropiado que nuestra línea de fondeo fuese de cadena en su totalidad; pero esto implicaría ocupar un gran espacio, además del peso que sumaríamos a nuestra embarcación. Si se decidiese armar una línea de fondeo con cabo, es preciso saber que la curva catenaria obtenida no sería la correcta y que la sujeción resultaría precaria. Una opción intermedia, adoptada por gran cantidad de navegantes deportivos, consiste en una combinación de ambas, colocando una cantidad de metros de cadena a continuación del ancla y finalizando la línea con cabo de nylon. Como se sabe, el ancla consigue su máximo agarre cuando la tensión aplicada es horizontal. Por esa razón la cadena brindará a la línea de fondeo mayor sujeción, dado que esta se hunde hasta el fondo mientras que el cabo flota traccionando sobre el ancla en forma oblicua.

La combinación antes mencionada, entre cabo y cadena, mejora la “curva catenaria” y permite llevar a bordo una línea de mayor longitud.

Fondeo con cadena y fondeo sin cadena

Respecto de la longitud de la línea de fondeo, se puede decir que en condiciones climáticas favorables debería largarse un mínimo de cinco veces la profundidad del lugar, pudiendo ser un poco menor si la línea es de cadena en su totalidad. En caso de fondear con mal tiempo, es aconsejable que la línea de fondeo tenga como mínimo un largo de ocho a diez veces la profundidad. Al igual que el caso anterior, el largo puede reducirse si contamos con cadena.

En reglas generales, podría decirse que lo conveniente sería largar la máxima cantidad de línea posible, pero es conveniente tener en cuenta un pequeño obstáculo: el círculo de borneo.

Círculo de Borneo

Como es de esperar, nuestro barco girará o “borneará” alrededor del ancla cuando las condiciones de viento o corriente se modifiquen. Para ello es preciso que, a la hora de largar cabo, verifiquemos que todos los obstáculos o barcos cercanos queden fuera del círculo de borneo, a fin de evitar colisionar con los mismos. Cabe destacar que, de haber otros barcos en igual situación, todos bornearán en el mismo sentido.

La elección del fondeadero

Una de las precauciones a considerar, al momento de elegir el lugar donde fondear la embarcación, es la de tener en cuenta los vientos predominantes en la zona y las corrientes marinas del lugar. Debería consultarse además el parte meteorológico, en función del cual se escogerá el sitio que brinde más resguardo según su configuración geográfica. Es muy importante también que el sitio elegido nos permita abandonarlo rápidamente en caso de que sea menester hacerlo con urgencia.

Otra de las cuestiones a evaluar es el fondo, teniendo en cuenta que los fondos “blandos” (arena, arcilla, lodo) son buenos tenederos. De ser posible hacerlo, deben evitarse los fondos con algas o los duros (piedras).

La maniobra

La maniobra de fondeo es en realidad muy sencilla y consiste en aproximarse lentamente al lugar elegido y colocarse proa al viento. Cabe aclarar que, en este punto, toda la maniobra estará lista para ser ejecutada: el ancla a la “pendura” (colgando levemente del rodillo de proa), la línea preparada y adujada sobre la cubierta, y el chicote o extremo hecho firme en la cornamusa. Acto seguido y a la orden de “fondo”, se soltará el ancla hasta que toque fondo. Se procederá entonces a filar lentamente la cadena a medida que el ancla “llame”, mientras que la embarcación se desplaza lentamente hacia atrás, acomodándose al sentido del viento o de la corriente. No debe largarse gran cantidad de cabo o cadena de golpe, ya que de este modo se amontonaría en un solo lugar con el riesgo de enredarse y de no trabajar correctamente.

Una vez largada la cantidad de línea elegida, según lo visto en el apartado anterior, se soltará lo que queda de línea, si se tuvo la precaución de hacer firme el extremo en la cornamusa de proa. Sólo restará a continuación comprobar que la maniobra haya sido realizada con éxito, permaneciendo un tiempo en observación y corroborando que el ancla no “garree”. Es muy útil a tal fin tomar referencias de puntos de la costa u otras embarcaciones.

Una práctica que resulta de suma utilidad es la de colocar un boyarín unido al ancla por medio de un “orinque”.

Boyarín unido al ancla por medio de un orinque.

Esto no solo nos permitirá que el ancla quede perfectamente señalizada (tanto para nosotros como para otras embarcaciones que fondeen en el lugar), sino que además nos posibilita una ayuda extra en caso de que se dificulte la maniobra para desenterrarla, ya que se puede tirar del cabo en forma “vertical”. Para esto último es preciso que el orinque se haga firme sobre la cruz del ancla y no sobre el arganeo. Algunas anclas ya vienen con un orificio practicado a tal efecto.

En algunos casos, cuando se requiere mayor seguridad en el fondeo o cuando se debe aguantar el mal tiempo, pueden utilizarse dos anclas en lugar de una. Un ejemplo de esto es el fondeo “a barbas de gato”. En este caso se trata de fondear primero una de las anclas y después la segunda, de forma tal que las líneas de fondeo formen un determinado ángulo entre sí.

Fondeo a barbas de gato

Si lo que se pretende con esta técnica es detener al barco en una situación de temporal, lo conveniente es que el ángulo formado entre las dos líneas de fondeo no supere los 10º. Si en cambio la intención es reducir el círculo de borneo, el ángulo deberá ser lo más abierto posible (superior a 90º).

En lugares donde el “borneo” no nos es permitido (lugares estrechos, canales, etc.), se puede fondear por proa y por popa.

Fondeo por proa y por popa

La técnica a emplear consistirá en largar un ancla por proa y retroceder el “doble” de distancia a la que quedará definitivamente el barco. En este punto se larga la segunda ancla y se avanza en el sentido de la primera, hasta quedar ubicados en el centro y alineados con ambas. De no contar con espacio suficiente para maniobrar con el barco, puede utilizarse el bote auxiliar a fin de trasladar la segunda ancla hasta el lugar elegido. Debe tenerse en cuenta que, como el borneo no es posible con este tipo de maniobra, el barco ya no presentará su proa al viento por lo que puede quedar atravesado a las olas. Esto último (en caso de que el oleaje se incremente) puede provocar el garreo de alguna de las anclas, además de resultar sumamente incómoda la estadía.

Otro método a considerar para fondear con mal tiempo es el de largar dos anclas “engalgadas”. Lo que se hace aquí es agregar un segundo ancla con su correspondiente línea unida al primer ancla sobre su “cruz”. Dicha línea debe tener una longitud ligeramente superior a la profundidad del lugar. Esto se hace para evitar tener que levar dos anclas al mismo tiempo. Este sistema brindará una gran sujeción al suelo, ya que el segundo ancla sostendrá al primero evitando que este garree.

Anclas engalgadas

Continua en: Amarrar el barco de costado, por proa o por popa (clase 19).

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